Sin objetivo

Poder sanador

 

Hoy se me antoja escribir sin ningún objetivo. Por el simple placer de dejar que las palabras se vayan posando sobre el papel. Ligeras, sin prisa, mecidas por el viento mientras encuentran su lugar. En mi mente se agolpan multitud de ideas sobre las que me gustaría dejar huella pero no sé por cuál empezar. Cierro los ojos y espero una señal.

Mi don. Voy a hablaros de mi don. Siento la necesidad de dejar por escrito la maravillosa experiencia que estoy viviendo. Para que no se me olvide. Para leerlo cada vez que me surjan dudas y me encuentre perdida. Y porque estoy segura de que hablaros de ello me proporcionará un gran alivio.  Desempañar lo que llevo dentro y compartirlo me hará sin duda más libre. Habrá quien lo entienda y quien no. Quien se acerque más a mí y quien se aleje. Quien sienta curiosidad y a quien no le atraiga en absoluto. No me preocupa. Estoy preparada para todo tipo de reacciones. Ahora sí. Es lo natural.

Hasta hace sólo unos pocos años, en materia de formas y sentido de vida, no había considerado que pudiesen tener cabida verdades diferentes o maneras distintas de orquestar el Ser. Me resulta llamativo leer de mi puño y letra esta afirmación ya que siempre me he vanagloriado de no seguir a las masas y de perseguir la autenticidad en lo que hago y a la hora de mostrar quien soy.  Nunca olvidándome de la frase con la que un profesor de la carrera cerraba el discurso del dia: “…Y de todo esto que os he contado, no os creáis nada”.

Pero es que estas diferentes formas de orquestar el Ser a las que me refiero estaban más allá de no creerme lo que me contaban. Mucho más allá.  Se encontraban allí donde yo empezaba a creer en cosas que nunca me habían contado. A creer en verdades diferentes, y no sólo a creer en ellas, sino a sentirlas.

Un buen día desenpolvé la idea de que todos y todo somos energía. Una percepción que yacía desde tiempos muy lejanos en mi subconsciente y que se abrió camino de manera repentina hacia la superficie. El concepto me empezó a parecer obvio. Lo sentía obvio.

Así se lo expresaba a las personas más cercanas a mi, las cuales, muchas de ellas, me escuchaban con notable desconcierto.

Una de las percepciones que más claras sentía, incorporaba la idea de que cuando un ser deja el mundo terrenal, abandona su cuerpo físico, pero de alguna manera, su huella o presencia energética se queda con nosotros. Es una teoría difícil de demostrar y sobre la que resulta tremendamente fácil dudar. En el entorno social y cultural en el que mi raciocinio se ha moldeado,  lo que no se ve, no existe. Salvo Dios para los creyentes, claro.

En una ocasión, en una sesión de hipnosis, mi terapeuta me pidió que expresase qué sentía que era yo. No titubeé. Soy luz, le dije. Y respiré serena. Así como si tal cosa.

Es ahora, después de años de haber experimentado por primera vez lo que os cuento, cuando empiezo a encajar todas las piezas del puzle.

A partir de ese momento, en el que empezaron a emerger en mi consciente todos esos secretos guardados, no he dejado de encontrarme en el camino con gente que ha ido revelándome de manera muy sutil cuáles eran los siguientes pasos.

Mi caminar lo ha dirigido mi intuición,  la voz del corazón. En los momentos en los que he perdido la confianza en mi misma, que ha habido muchos, siempre he tenido un ángel de la guarda que de una manera u otra me ha vuelto a enderezar en la senda de la consecución de mi objetivo, de mi propósito de vida.

En algunas ocasiones, el desvío del camino ha sido leve y el proceso de rectificación ha sido rápido y fácil. En otras, el desvío ha sido mucho mayor. Verdaderos terremotos en mi vida que han llegado para que no hubiese mas opción que la de abrir los ojos. Para recordarme que tengo una responsabilidad en esta vida y que no está en mi naturaleza eludirla.

Las señales siempre han estado ahí. La mirada atenta y el corazón preparado las van descifrando en el momento adecuado. Los encuentros que en un principio me parecieron casuales, ahora sé que no lo fueron. Uno me iba llevando a otro. Una persona me conducía a otra. Un curso sobre emociones, una hipnosis, una regresión, una sesión de reiki. Un libro recomendado, un médico naturista, una sesión de PNL. Una conversación a tumba abierta con esa persona que por lo que fuese me pedía a gritos que le contase lo que llevaba dentro.

Una vez que mi subconsciente decidió que estaba preparada, empecé a escuchar el mensaje que el universo tenía para mi. “Roseta, tienes poder sanador”, me decía una persona que conocí de “casualidad”. “Roseta, vas a ser una gran sanadora”, “utiliza tus manos para sanar”, me decía otra. “Te veo curando a mucha gente”, vaticinaba otra. ¿Cómo se puede dar las espalda a un mensaje tan claro y repetitivo?

Así que llegados a este punto en mi vida, no me queda ninguna duda sobre la naturaleza de mi don. Parece que tengo poder sanador. Tengo poder sanador. Y lo digo así de rotundo porque necesito creérmelo de verdad. Necesito confiar en ese don para poder sacar lo mejor de él al servicio de los demás. Reconocer que no es algo de mi propiedad que voy a guardar para mí si no que lo voy y quiero utilizar para motivar cambios positivos en las personas que me busquen con ese objetivo.

He tenido muchas dudas a la hora de escribir este artículo pues en cierto modo lo considero algo vanidoso. Un texto en el que hablo de mí y para más inri sobre una cualidad inherente a mi ser. Después de pasar la decisión por el rasero del corazón, rasero que utilizo cada vez con mayor soltura, la balanza se inclinó de forma clara hacia el SI voy a publicarlo.

Quiero transmitiros, lectores, la idea de que todos somos únicos. La búsqueda de aquello en lo que nos sentimos realmente dentro de nuestra piel es un viaje apasionante. Mi viaje particular resulta peculiar en entornos en los que la figura del sanador no resulta muy familiar. Sin embargo en otros, es muy común.

Intuyo que no todos los viajes llegan a realidades distantes a las que uno acostumbra a vivir. Los dones pueden estar a la vuelta de la esquina. Y es posible que seáis tan afortunados de conocerlos y disfrutarlos desde hace tiempo.

A todos, a los que conocen sus dones y a los que los buscan, os animo a que nunca dejéis de escuchar vuestro instinto, vuestra voz interior. Sin duda os llevará al lugar correcto, aunque ese lugar pueda en principio resultar desconocido o desconcertante. Hay infinitos viajes. Infinitas opciones. Tantas como personas y vidas. Somos únicos e irrepetibles y cada uno receptor de dones concretos. Siento como nuestra responsabilidad desenvolverlos, descubrirlos, mimarlos y ponerlos al servicio del universo.

Y ahora que este texto llega a su fin, observo, que empezar a escribir sin objetivo me ha llevado a hablar del camino que ha desembocado en la revelación de mi don. Y esto me hace pensar que es cuando nos dejamos llevar, cuando no nos enquistamos en lograr un objetivo, cuando es mas fácil que la energía fluya y sintamos la vida ligera y con un propósito. La propia vida nos revela nuestro objetivo. No es necesario el trabajo duro si no lanzarse al vacío sin miedo. Con confianza. Una vez preparados para responder a la llamada, sólo hay que seguir la alfombra que se va extendiendo a nuestros pies.

Se presenta ante mí todavía un largo caminar. Tengo el regalo en mis manos pero aún me queda desenvolverlo. Así que mirada atenta y corazón preparado. Dispuesta a seguir la senda que se vaya iluminando ante mi. Y a compartirlo con vosotros con cariño e ilusión.

 

 

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Sigue adelante

SIGUE ADELANTE

Siempre hay un más allá. Un horizonte más amplio, una luz más brillante, una manera diferente de relacionarse.

La meta es el propio camino pues hay infinitas metas. No tiene sentido decir que ya hemos llegado pues cada final es un principio en si mismo.
Lo más apasionante de acercarse a este final que a la vez es un principio, es que nunca es como habíamos imaginado. Porque la persona que llega a ese punto no es la misma que inició el trayecto. El camino nos ha ido moldeando y madurando para que cuando alcancemos ese final de etapa, estemos preparados. Para que veamos la realidad tan clara y a falta de todos los velos como nuestros ojos toleren. Así que nuestros ojos son diferentes. Observan diferente. Cada vez de manera más nítida.

Lleva tiempo acomodar la vista a la nueva realidad. Aunque quisiera puntualizar que según yo lo entiendo, no es la realidad lo que es nuevo, si no nuestra percepción.

Si estamos acostumbrados a funcionar de una determinada manera y no nos cuestionamos si nos funciona o no, podemos seguir reaccionando ante determinadas situaciones del mismo modo durante toda la vida. Y encontrarnos así una y otra vez con los mismos obstáculos y dificultades a lo largo de nuestra existencia. Y únicamente quejarnos por volver a toparnos de nuevo con ellos, sin caer en la cuenta de que están ahí precisamente para que con nuestra creatividad, los gestionemos de forma diferente.

Sin embargo, si nos ponemos el mundo por montera y en un momento dado nos hacemos la valiente y sincera pregunta de si somos realmente felices, o lo que es lo mismo, coherentes, es muy probable que, buscando la respuesta, nos demos cuenta de que nuestro modo de vivir se ha quedado obsoleto y no nos permite avanzar. Y por experiencia os puedo decir que una vez que se ha llegado a esta conclusión, ya no hay marcha atrás. La reacción natural pasa sin remedio por buscar otras formas de funcionamiento que nos hagan la vida más ligera, más fructífera y más disfrutable.

Ya hemos dado el primer paso, el más difícil e importante. Somos conscientes de que queremos avanzar. Somos conscientes de que podemos atravesar un nuevo cortinaje, uno más. Es probable que se nos haya olvidado, pero esto ya lo hemos hecho más veces. Esta inquietud que nos conduce a dar un paso más no es nueva. Quizás no la reconocemos, puesto que la persona que se enfrentó a ella anteriormente nos resulta desconocida. Pero somos nosotros mismos, un paso más adelante, con unos ojos diferentes. Y darnos cuenta de esto es a su vez motor que sustenta el siguiente paso, el siguiente cambio.

Y entonces surgen los miedos. Ante lo desconocido, ante la apertura de esa cortina que va a dejar que entre la luz a raudales. No sabemos si la luz nos va a cegar. La ceguera nos produce temor. Sin embargo, en realidad vamos camino de lo contrario a lo que gesta este miedo. Nos disponemos a ver con más claridad. Nos acercamos a la luz.

Cruzar la barrera del miedo requiere toda una estrategia. Una estrategia parecida a la que se emplea al hacer caer las piezas de un dominó en línea. Y la palabra clave y con la que comienza el juego es confianza.

La buena noticia es que la estrategia no la tenemos que elaborar nosotros. Ni dedicar largas horas exprimiendo nuestra capacidad mental para encontrar soluciones. La buena noticia es que la estrategia ya está hecha, se hace sola. El universo la ha preparado para nosotros y sabe lo que hace falta para que las piezas del dominó vayan cayendo las unas sobre las otras y nos dirijan al lugar adecuado, en el momento adecuado.

Por eso mi consejo para ti, si has dado este primer paso, el más difícil, y eres consciente de que quieres avanzar, es que te llenes de confianza. De confianza en ti. En tu intuición. En lo que te dice el corazón. En lo que te sirve a ti. En lo que te hace sonreír y despierta tu entusiasmo. En lo que te da energía y te mueve.

El universo hará el resto y créeme, cruzarás esa barrera. Cruzaremos esa barrera. Siempre adelante.

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Yo soy la única responsable / I am responsible for my own destiny​

yo soy la unica responsable

A medida que subo un escalón más en esta espiral infinita que camina mi alma, soy más consciente de que yo, soy la única responsable.  Por mucho que me empeñe una y otra vez en buscar personas o factores ajenos a mí como causantes de las situaciones que vivo, siempre acabo concluyendo lo mismo. Yo soy dueña de mi propio destino y mi trabajo consiste en sumergirme en lo más profundo para darle forma y nombre a los obstáculos que frenan mi avance.

Es totalmente revelador el poder vislumbrar destellos del subconsciente que surgen como indicios. Pistas del porqué hay determinadas facetas de nuestra vida que no funcionan como nos gustaría. Que no se ajustan a lo que nuestro “yo” consciente consideraría óptimo o deseable para nosotros.

Y lo cómico, es que para colmo, como para darle una patada a ese ego nuestro tan querido, normalmente esas pistas nos llevan a lugares completamente insospechados e inesperados. Muy alejados de aquellos en los que creíamos encontrar una clara respuesta.

¿Y porqué inesperados? Porque precisamente a nuestro ego le cuesta una barbaridad reconocer que los últimos responsables de nuestros éxitos y fracasos somos nosotros.

Ser consciente de este hecho, me brinda un universo lleno de infinitas posibilidades. Posibilidades inagotables, muchas de las cuales mi mente, por vivir en la limitación y en el amor propio, nunca hubiese considerado.

Este recientemente adquirido nivel de conciencia, me conduce sin remedio a modificar la estrategia con la que hasta día de hoy me enfrento, o mejor dicho, acompaño la vida. Me proporciona más paz acompañar a la vida que enfrentarme a ella. Intuyo que el enfrentamiento merma nuestras fuerzas y nos mantiene alerta y al acecho, mientras que el acompañamiento nos mece y traslada como la corriente de un río.

Como consecuencia de ésta para mí, valiosa revelación, en la que yo soy la única responsable, he decidido darme una oportunidad antes no explorada, practicar la confianza ciega e ignorar las hasta ahora indiscutibles reglas que guiaban el timón.

Si suelto el mando, quizás ya no tendré que recibir continuas lecciones de humildad en las que se me recuerda que la vida no es lo que a mi ego le interesa imaginar, sino lo que realmente es. O por lo menos, cuando las reciba, no me producirán sufrimiento. El dolor será bienvenido cuando la vida lo traiga, pero elegiré no padecer.

Si suelto el mando, voy a poder mirarme al espejo y descubrir que ya no hay caretas. Y sin caretas, no tendré opción de eludir la misión para la cual vine a este mundo. Ni tendré interés ninguno en eludirla.

Si suelto el mando, me dejaré moldear por la vida, sin oponer resistencia, como moldea las rocas el mar.

Y mientras escribo esto, me surge la idea de que quizás suena a incoherencia el asumir que soy la última responsable de mi vida a la vez que suelto el control. Podría parecer que si soltamos el control, le estamos dando la responsabilidad de nuestra vida a otros. Pero nada más lejos de la realidad. Al soltar el control, estamos dejando que experiencias, vivencias y cometidos que pertenecen a otros, se manifiesten y no se obstruyan.

Entretanto, así nosotros podemos asumir los nuestros con naturalidad y sin resistencia. Es como entrar en un baile espontáneo en el que cada cual se mueve de manera independiente pero en el que cada movimiento influye de alguna manera en los de los demás.

Lo importante de este baile, que es la vida, es estar atento e intuir el paso que nos toca dar. Y a base de pasos sucesivos, el siguiente se hará cada vez más evidente.

La parte más dura y difícil, como en todos los comienzos, es aprender a bailar. Para ello, considero fundamental atesorar conciencia de nuestra individualidad primero. Identificar los pasos que más nos resuenan, los que van más en armonía con nuestra naturaleza.

Y mientras trabajamos en esto, no perder de vista el universo que nos rodea y participa de una manera u otra en nuestro baile, concibiéndonos como parte inseparable de un todo.

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While my soul walks through this infinite spiral that is called life, I become more and more conscious of my own responsibility towards myself. I can always blame others or try to find outside me the reasons why I experience different situations, but at the end, I invariably come to the same conclusion. I am the master of my own destiny and my mission is to dive deep inside me and name the causes why I don’t always progress in the way that I would apparently like to.

Glimmers come from the subconscious that reveals hidden motivations. They are clues unfolded to understand the most difficult or cloudiest sides of our lives. Our conscious self would not easily accept these sides as ideal or even at all.

I have realized that when you follow the clues found, you arrive at totally unexpected places that are far away from the ones our mind would have suspected to arrive to. I find this funny and completely against our beloved ego; why we arrive at unexpected places? For the simple reason that our ego hardly accepts that the ownership of success and failure is one hundred percent ours and nobody else’s.

Once I have become conscious of this fact, I glimpse a universe abundant in possibilities. The opportunities are endless and I can only see them now that I don’t consider limits and I try to dodge my ego.

This recently gained level of consciousness drives me to change the way I confront, or I prefer to say, take the hand of life. I have the sense that confronting life diminishes our power since we are vigilant in wait. However, if we take the hand of life, we move forward pushed by the stream of the river, easily and peacefully.

Since I have understood that I am the one and only responsible for my life, I have decided to try something different. I am going to practice complete confidence and ignore the undeniable rules that run my boat.

If I release control, I might not be exposed to humility lessons that remind me what life is, opposed to what my ego wants it to be. And If I still have to be exposed to these lessons, I will not suffer anymore. Pain will be welcome whenever life brings it to my side. But I will select not to suffer.

If I release control, I am going to look at myself in the mirror wearing no masks. I can’t elude my mission in life if I have chosen not to wear masks. And I don’t want to elude it anymore.

If I release control, life will shape myself, like the sea does to the rocks.

While writing these paragraphs, I am concluding that releasing control and being the only responsible may seem contradictory. But releasing control does not mean to give control of our lives to somebody else. Releasing control means to allow life to send to us the experiences that we need, and let the other people receive theirs, without resistance. This way, we naturally accept our mission.

It is like people dancing independently in a spontaneous dance, where every single movement affects the movement of somebody else.

Life is this dance and as dancers, we have to be ready for the step waiting to be danced. Once you get used to this dance, the next steps will appear more obvious.

Like in every start, the most difficult part of the challenge is learning to dance. First of all, it is essential to be conscious of our individuality. And only after that, could we work towards the recognition of the steps that resonate more with us.

While we work on that, we can’t lose awareness of the universe around us. It belongs to our dance, considering us part of a whole.

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Hoy estoy triste / Today I feel blue

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Hoy estoy triste. Y no voy a intentar evitarlo.

Ayer por la tarde me empecé a encontrar un tanto apática. Empecé a analizar los sentimientos que me habían acompañado en las últimas jornadas, dando marcha atrás en la semana. Me observé irascible, cansada. Me di cuenta de que en los últimos días no había percibido una realidad muy amable. A pesar de que mi semana había sido muy parecida a la anterior.

Me descubrí desenterrando la parte negativa de las cosas, algo que no es muy habitual en mí y eso hizo saltar la señal de alarma. Cualquier presencia me molestaba. Cualquier opinión me parecía absurda. Cualquier charla banal, cualquier comida insustancial.

En ocasiones pasadas, mi reacción ante una situación así hubiera sido buscar la forma de superar esa apatía, esa tristeza, esa desgana. Salir con amigos, ver una buena película, hacer deporte, darme algún capricho…

Pero hoy no. Hoy he decidido darle la bienvenida a la tristeza. Del mismo modo que tengo infinitos motivos para sentirme feliz, los tengo también para sentirme triste. Y quiero honrar esos motivos, porque lo merecen.

Quiero honrar a las personas queridas que han perdido familiares cercanos en los últimos meses y que lo están viviendo de un modo ejemplar. Quiero honrarlas y aplaudirlas.

Quiero honrar a miembros de mi familia y amigos que están batallando por su salud. Que sepan que su lucha es también mía.

Quiero honrar a los pueblos que viven guerras interminables, en especial a los niños y a las personas más vulnerables.

Quiero honrar a todos aquellos que sufren injusticias de cualquier clase. A los que la historia no les ha concedido el privilegio de vivir con dignidad.

Me considero afortunada cuando puedo vislumbrar y darle forma a las causas de mi desaliento. No siempre es así. No siempre soy consciente.  No siempre tengo la serenidad para sentarme con la tristeza y tomarla de la mano.

Y tengo que decir, aunque pueda chirriar, que el encuentro con la tristeza es un encuentro placentero. Es un encuentro de paz. Es un encuentro de aceptación. Es un verdadero alivio abandonar la pelea contra la tristeza y consentir que se abra sin prejuicios este nuevo compartimento en mi alma. Quitarle el candado de forma definitiva y dejarlo a merced de lo que tenga que venir.

De alguna manera, siento que la tristeza tiene que atravesarme. Como un ejercicio de depuración. Entrar por un rincón de mi alma y llevarse en su camino hacia la salida, como un soplo de aire frío, todas las impurezas que con el tiempo han ido sedimentando.

Mientras se queda conmigo, me siento pequeña, vulnerable. Una ligera lluvia me va calando muy despacio y no encuentro fuerza ni guía para buscar refugio.

Me parece que va a durar siempre. El futuro próximo se me antoja nublado por un filtro que no por familiar resulta menos desconcertante.

Caigo en las trampas que tiende el dolor. Me rebelo contra las personas y las situaciones más próximas a mi. No se me ocurre buscar las respuestas en mi interior. Hasta que me digo a mi misma que el dolor es dolor. Y la vida difícil.

Recuerdo a mi gran admirado Eckhart Tolle diciendo que una vez que asumes que la vida es dura, todo es más fácil. Más fácil no sé, pero sí más real. O al menos me lo parece a mí.

Y eso que yo llamo realidad es lo que me permite entender mejor al ser humano. Ser consciente de mi propia realidad me ayuda a entender emociones que observo en gente cercana, en conocidos e incluso en personas que  pueden parecer ajenas a mi vida pero que forman parte de ella. Porque sienten, porque sufren, porque lloran, porque necesitan, porque claman ayuda.

Porque son como yo. Y a lo mejor hoy, también están tristes.

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Today, I feel blue. And I am letting it be.

I started to feel a bit apathetic yesterday evening. I looked back on the week, analysing the feelings that had been arisen in me during the last days. I found myself irritable and tired. I realised that I hadn’t perceived the kindest side of reality over the past days. Even the present week being very similar to the week before.

I spotted myself looking at the dark side of things. And since I don’t normally act in such a way, I took it as a warning sign. Any presence bothered me. Any belief seemed nonsense. Any chat became banal, and any meal, tasteless.

Some time ago, I would have tried to cover up the feelings of sadness and apathy doing something that cheered me up. I would have organised a movie night with friends, planned to do some sports, pampered me somehow…

Not today. Because I have decided to welcome sadness.

I do have infinite reasons to feel happy and the same number to feel sad. And I would like to honour my reasons to be sad since they do deserve to be honoured.

I would like to honour my loved ones. Specially those who have said goodbye to close relatives over the last months. I would like to honour and applaud them for their exemplary strength.

I would like to honour family members and friends that are fighting for their health. I would like to let them know that their fight is also mine.

I would like to honour nations that are victims of never ending wars, specially the kids and the most vulnerable human beings.

I would like to honour people that suffer any kind of injustices, people that are not allowed lo live with dignity.

I feel fortunate for being able to identify and welcome the reasons for feeling discouraged. It is not always the case. I am not always aware. I don’t always feel serene enough to be friends with sadness.

And I have to admit, even if it does not seem natural, that meeting sadness can be pleasant. It means to be in peace. It means acceptance. It is a relief to stop fighting against sadness and allow my soul to embrace it instead. To unlock the door and welcome this feeling whenever it has to come.

Somehow, I have the sense that sadness has to go through me. As a purification process. It has to come into my soul and sweep along all the impurities as if it was a cold breeze.

While sadness stays with me, I feel small, vulnerable. I am soaked by a light rain and I don’t find the strength or guidance to look for a refuge.

It seems that it is going to last forever. The near future looks as cloudy as I have seen it  in another occasions before, and this makes me feel uneasy.

I feel trapped by the tricks of pain. I rebel against close people and situations. It doesn’t come naturally to look for the answer inside of me. Until I realise that pain is just pain. And life is difficult.

My admired Eckhart Tolle says that once you realised that life is hard, everything becomes easier. I am not sure. For me, it becomes more real.

What I name reality, allows me to understand human beings better. If I am aware of my own reality, I can understand emotions and reactions in other people. People that are either close or distant but that belong to my existence at the end. Because they feel, because they suffer, because they cry, because they need, because they clamour for help.

They are like me. And maybe they also feel blue today.

 

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La sabiduría del tiempo / The wisdom of time

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Cuando hace algunos años hice un curso de Educación de las Emociones, se me quedó grabado a fuego uno de los relatos recopilados. En él, un individuo visitaba a un viejo sabio para pedirle consejo. Narra el relato que durante la visita, el sabio, escuchó atentamente la consulta del individuo y con los ojos entrecerrados le contestó: “vuelve mañana”. Y cuenta también, que tras la respuesta del sabio, el individuo, decepcionado, torció el gesto y salió de la habitación con paso rápido e impaciente.

Cuantas veces me descubro a mi misma reaccionando de la misma forma en que lo hizo aquel hombre. Cuantas veces busco una respuesta rápida y certera. Y cuantas otras creo tener la solución cuando en realidad estoy a años luz de ni siquiera imaginarla.

Vivimos en una sociedad en la que se vanagloria la velocidad.  Cuantas más cosas seamos capaces de hacer en menos tiempo, más valiosos somos. Todo está organizado de manera que empleemos el menor tiempo posible en las tareas que se consideran tediosas y no nos damos cuenta de que el adjectivo “tedioso” lo asignamos nosotros al ejecutarlas en lugar de disfrutarlas.

Me he dado cuenta de que el poder disfrutar de cada cosa, de cada situación, depende en gran medida de la actitud con la que nos enfrentemos a ella y del valor que nosotros mismos le demos.

Y como consecuencia de este hallazgo, libremente, me dispongo a disfrutar.

Reivindico el placer de ir a la compra y pasar un buen rato. Elegir los productos uno a uno, tocarlos, olerlos, colocarlos en la cesta con delicadeza. Saludar a la cajera, preguntarle como le ha ido el día y despedirme con una sonrisa.

Reivindico el placer de calentar agua para mi té en el cazo y observar como van subiendo las burbujas desde el fondo. Servirlo humeante en la taza y esperar a que vaya perdiendo temperatura mientras miro al infinito.

Reivindico acompañar a mis hijos en su ritmo pausado, en lugar de al mío, acelerado, como este mundo. He descubierto que ellos no son lentos,  nosotros vamos rápido.

Reivindico el paseo, sin destino ni objetivo, por el mero deleite de sentir que estoy viva y el cuerpo me responde.

Reivindico el placer de prepararme con sosiego para el nuevo día. Sentir el agua templada de la ducha sobre mi piel y absorber el aroma a limpio y fresco. Elegir con mimo la ropa que envolverá mi cuerpo y contribuirá de manera temporal a mis señas de identidad.

Reivindico dedicar tiempo a la lectura de un libro sin la urgencia ni necesidad de que me “sirva” para algo. Disfrutar de la capacidad para entender lo que leo y ponerme en la piel de la persona que lo escribe. Pasar las páginas sintiendo la textura del papel e identificar el olor a impresión.

Reivindico saborear los platos en mis comidas. Diferenciar las texturas, reconocer los ingredientes, agradecer el alimento.

Reivindico ver salir el sol cada mañana en el horizonte. Observar como va subiendo despacio, sin prisa, al ritmo de su propio latido.

Reivindico escuchar las noticias asimilando lo que escucho. Con conciencia. Descifrando los mensajes codificados que nos hablan de lo mucho que este mundo nos necesita.

Reivindico la disposición para dejar a un lado mis tareas cuando un amigo me pide auxilio.

Reivindico, en definitiva, todo lo que me ayude a vivir y a disfrutar del presente tal y como se me ofrece. Sin reaccionar ante él, escoltándolo en su transcurrir irrepetible e instantáneo.

Y por supuesto, reivindico darle permiso al tiempo para que madure mis acciones y decisiones. Quizás algún día, de esta manera, disfrute de la paz y serenidad que emana de las personas sabias.

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I remember very clearly a tale that I was told some years ago, when I followed a course aimed at the education of emotions. The tale told of a man who visited a wise old monk in search of advice. After being asked for guidance, the aged man half-closed his eyes and following a long silence, he said; “come back tomorrow”. The advice seeker, showing disappointment and disillusionment, quickly walked towards the door and left the room and the monk behind.

Many times I have seen myself acting in the same way that the man of the tale did. And so many times I try to find a quick and accurate answer. Some other times, I feel I have definitely found “the solution” when in reality, I am far away from even imagine it.

Speed is very much appreciated in our society. We are valued for achieving the maximum amount of things in the shortest time. Everything is organised so we don’t have to spend too much of our days doing tiresome tasks and we don’t realise that they are tiresome because we have transformed them to be as such.

I have realized that enjoying situations and things depends on our own attitude and on the value that we do give to them.

And as a consequence of this discovery, I freely decide to enjoy.

I reclaim the enjoyment of doing my shopping while having a good time. Taking my time to select the products, smelling and touching them, and carefully put them inside the basket. Greeting the cashier and asking her about her day before saying goodbye with a smile.

I reclaim the pleasure to boil water for my tea in a pot and notice the bubbles slowly coming up from the base. To serve the steaming tea into the mug and wait while staring at infinity until the temperature of the tea drops.

I reclaim a stroll with my children at their own pace, instead of mine, speedy as this world it is. I have realised that the children are not slow but we adults, move at high speed.

I reclaim a walk without a goal or a  destination. Just enjoying the act of walking and feeling alive.

I reclaim the pleasure to get ready for the new day in a slow mode. Feeling the warm water from the shower over my skin and absorbing the fresh fragrance of a clean body. To carefully choose the clothes that I will wear for that day and which will in a way talk about how I am feeling and who I am.

I reclaim quality time for a good book without the need or urge to get something especific from it. To enjoy just the facts that I am able to understand what I read and I can see through the writer’s eyes. Turning the pages and feeling their texture, inhaling the printing scent.

I reclaim the act of savouring my meals. To Identify the ingredients and feel the different tastes.  To be thankful for the nourishment.

I reclaim the opportunity to see the sunrise everyday. To watch the sun slowly coming up at its own beat rhythm.

I reclaim the stillness to listen to the news counciously. Trying my best to understand what it is that the world needs from me.

I reclaim the ability to listen to my friends needs and have the courage to give them time.

I ultimately reclaim all of what makes me live and enjoy the present moment as it comes. Without reacting against but escorting it on its instantaneous flow.

And of course, I reclaim the bravery of allowing time for my actions and decisions to become mature. This way, maybe one day I will enjoy peace and serenity that exudes from wisdom.

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Vuelvo a casa/ Coming back home

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Desde que tengo memoria, siempre me ha gustado viajar en avión. Me produce una dulce sensación de atemporalidad. El tiempo y el espacio no existen. Me encuentro suspendida en el cielo, a miles de metros de la madre tierra. Y me encanta. Porque es cuando conecto de verdad con mi propia esencia, con mi ser.
Nada me espera, nada me reclama. Soy únicamente yo, conmigo. Lo vivo como un reencuentro.

Una amiga mía comentó una vez que me gusta más un avión que a un niño un dulce y tiene toda la razón. Pero es por eso. Porque me lleva a lugares en los que en mi día a día no me resulta fácil estar. Porque hace que todo lo que me preocupa o dirige mi vida de manera cotidiana desaparezca. Y entonces me descubro.
Qué aventura es esa la de acercarse a uno mismo. Qué afortunada me siento de poder saciar esta necesidad.Conforme van pasando los años, este acercamiento hace que me sienta más segura. Más en mi camino. Más centrada.

Mi vuelta a casa en esta ocasión es algo diferente. Regreso de forma más consciente porque así lo he elegido.
Intuyo cada vez con más claridad cuál es mi papel en el mundo, aunque esto sea mucho decir.
No me asustan las turbulencias del camino puesto que sin ellas no habría crecimiento personal. Qué sería de un mar sin olas, sin tormentas, sin cambio de mareas.

Estas semanas en mi tierra de referencia me han hecho vibrar. Me han recordado la importancia de conectar con nuestras raíces, con nuestros recuerdos, con nuestro pulso. Qué poderoso resulta permitir al corazón que hable y seguir el ritmo de sus latidos, sin cuestionar, sin juzgar.
Vuelvo a mi hogar teniendo presente lo que dejo atrás. Y sabiendo que a pesar de que dejo muchísimo, apuesto por muchísimo también. Y que además, los que me queréis, apostáis conmigo…y eso no tiene precio. No se puede medir de ninguna forma. Es inconmensurable.

Y es en este momento en el que quiero agradecer todo lo que he vivido.
Quiero agradecer a mis padres el bienestar que me produce saber que me quieren como soy. Que no importa el camino que yo elija o que me lleve que ellos siempre van a estar ahí.
Quiero agradecer a mis hermanos esa sensación de pisar suelo conocido y poder dejarme caer con toda la confianza, porque sé que sus brazos me van a sostener.
Quiero agradecer a mis hijos el quererme y necesitarme sin condiciones, tal y como soy, solo por el simple hecho de ser su madre.
Quiero agradecer a mi pareja su decisión de compartir su vida conmigo. Una vida es todo y compartirla significa mucho más.
Quiero agradecer a todas las personas que se han encontrado conmigo en este viaje sus palabras de aliento. Ha sido una visita especial a mi patria, al escenario que me vio  nacer. Y a su vez, una oportunidad para descubrir gente maravillosa que me incita a acercarme a la senda que me espera.

Gracias Sagrario, gracias Victor, gracias Carmen. Todos vosotros sois partícipes de que me sienta merecedora de todo lo que la vida me brinda. Muchas gracias. Gracias porque ya nunca se me va a olvidar lo imprescindible que para mí resulta recargarme de energía. Gracias porque voy a recordar sin duda la trascendencia de disfrutar al máximo  y sin prejuicios. Y por supuesto, gracias porque ni un solo día voy a dejar de repetirme que TENGO LA CAPACIDAD ILIMITADA DE CUMPLIR MIS SUEÑOS.

Con mucho cariño, en el aire, en el trayecto de Madrid a Singapur, de vuelta a casa.

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Since I can remember, I have always loved travelling by plane. It feels as if life pauses and there is nothing to worry or care about. Time and space do not exist anymore. I feel like I am hanging from the sky, thousands of meters away from mother earth. And I love it. This experience, allows me to connect with my essence, with my real self. Nothing awaits or requires my attention. It is only Me, with myself. It is a reencounter.

One of my girlfriends once said that I love flying more than a child loves candies. And she is right. The reason is that such an experience takes me to places where I can’t usually be in my daily life. Because during the “flying time”, everything that worries me or rules my life is out of the picture. And it is during this time that I find myself. It is an enormous adventure to get closer to oneself. I feel grateful for being able to fulfil this need. As I grow older, being close to myself makes me feel secure, well-balanced and focused.

Today, returning home feels different. It is a conscious choice. I can sense more clearly my role in this life. Turmoil in life does not scare me since I know that it is part of my personal growth. The sea without waves, storms or tides would not be the sea.

The last weeks in my homeland have revitalized me. I have been reminded of the significance of connecting to my roots, to my memories, to my pulse. It is really powerful to allow our heart to talk and follow its heartbeat, without questioning, without prejudices. I come back home being even more conscious of what I am leaving behind. And knowing that despite leaving so much behind, I am betting on a life that will make me stronger and a better person. Those who love me are also betting with me, showing their vast and unconditional esteem.

So I would like to show now my gratitude for all that I have lived through these past days. I want to thank my parents for loving me for who I am. No matter the route that I walk, they will always be on my side. I want to thank my siblings for letting me know that I can lean on them, anytime. I want to thank my children for making me feel loved and needed without conditions, just for the fact of being their mother. I want to thank my partner for sharing his life with me. Sharing a life means everything to me.

I want to thank everybody for the words of encouragement. This visit to my mother country has been very special, and a great opportunity to meet amazing people who drive me closer to a path that is waiting for me.

Thank you Sagrario, thank you, Victor, thank you, Carmen. All of you make me feel worthy of the amazing things that life brings to me. Thank you very much. Thank you because I am not ever going to forget the need to recharge my energy. Thank you because I will remember to get the most out of every situation. And thank you because I am going to tell every day to myself that I AM FULLY ABLE TO ACHIEVE MY DREAMS.

With love, in the air, flying from Madrid to Singapore, coming back home.

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Carta a mi padre/ Letter to my father

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Después de varios años de lectura y reflexión sobre el tema, tengo bastante claro y soy consciente de que las cosas que más nos molestan o irritan de los demás, son cosas intrínsecas a nuestra personalidad, que por unas cosas u otras, no hemos aceptado como parte de nosotros.

Pero cuando ayer leí un cuento oriental titulado “La ley del espejo” que mi hermana menor me había enviado, me quedé perpleja.

Parecía haber sido escrito para mi, en este preciso momento de mi vida. Y aunque sé que no ha sido escrito exclusivamente para mi, pues somos muchísimos los que nos podemos beneficiar del precioso relato de Yoshinori Noguchi, sí que ha llegado a mi vida en el momento justo.

Empecé a leerlo anoche y aunque no lo he terminado -en un momento de la lectura las lágrimas me impedían distinguir las letras- he sentido la urgencia de escribir en este post una carta a mi padre.

Me he dado cuenta de que no soy consciente de la ley del espejo en todas y cada una de mis relaciones, y especialmente, en mi relación con él. Llevo gran parte de mi vida haciéndole saber de una manera u otra los aspectos de su personalidad que no me agradan sin pararme a pensar en la lección de humildad que obtendría de analizar un poco el porqué.

Y en el camino, al concentrarme únicamente en esa parte menos atractiva de la relación, se me ha olvidado darle las gracias.

Así que padre, esto va por ti:

En primer lugar, por supuesto gracias por darme la vida, a mi, y a todos mis hermanos. Sin ti, sin mamá y sin ellos, hoy no sería quien soy.

Gracias por llevarnos a ver aquella peli de Star Wars cuando nació Carmen. Yo era muy pequeña y fue una gran aventura salir del cine cuando ya era de noche.

Gracias por llevarnos a Juvenalia a saltar en las colchonetas. ¡Lo pasábamos tan bien!

Gracias por venir cada tarde de verano a recogernos al club después de una larga jornada de trabajo. Verte aparecer por la entrada era todo un acontecimiento para mi.

Gracias por meterte en carretera cada día durante años en el mes de agosto para que mamá y nosotros pudiésemos estar más a gusto en la sierra.

Gracias por llevarme contigo los fines de semana cuando ibas a examinar opositores a distintas ciudades de España. Me hacías sentirme muy especial.

Gracias por ser el primer voluntario para participar en las funciones del colegio que hacíais los padres para los hijos. Me producía gran orgullo.

Gracias por todas tus reflexiones y escritos sobre la vida que has compartido con nosotros. Han sido y son una gran fuente de inspiración para los míos.

Gracias por guisar con tanto cariño para nosotros cuando mamá no estaba. Y cuando ella estaba también.

Gracias por trabajar extra algunos fines de semana y veranos para darnos lo mejor.

Gracias por transmitirme el amor a la familia.

Gracias por insistir en que no me cambiase de carrera y que demostrase de lo que soy capaz.

Gracias por inspirar mi deseo de conocer mundo.

Gracias por regalarme esos puntos de Iberia para que pudiese viajar un verano a Inglaterra.

Gracias por aquel poncho mexicano y por aquel reloj que sé que tú elegiste.

Gracias por tener la casa llena de libros.

Gracias por grabar a fuego en mi conciencia los valores de justicia y de ética. Y el de solidaridad.

Gracias por hacerte miles de kilómetros cada año para venir a vernos, no importa el lugar del planeta que hayamos elegido.

Gracias por estar a mi lado en cada ocasión en la que he sido madre.

Gracias por compartir tu amor por la naturaleza y la montaña.

Gracias por la satisfacción que me produce ser Pilarista como tú.

Gracias por enseñarme la importancia de la espera. Del no tener que “hacer” sino de “ser”.

Gracias por tu sinceridad siempre, aunque duela.

Y gracias por muchas cosas más que me dejo en el tintero que harían de esta carta algo infinito pues las pequeñas cosas que de ti vienen se hacen grandes a mis ojos.

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I thought I could clearly acknowledge now, after years of reading and reflecting on the issue, that the characteristics that we find most irritating in other people are these ones that we don’t accept in ourselves.

But I felt caught by surprise when I read yesterday the title that my sister recommended to me; “ The mirror rule”.

It felt that it had been written for me, just for this time of my life. Although I know it was not written exclusively for me since plenty of people can enjoy this masterpiece of Yoshinori Noguchi, I have read it at the right moment.

I started reading it yesterday evening and though I have not finished the reading yet- the tears didn’t allow me to see clearly- I felt the urge to write a letter to my father.

I have realised that I am not aware of the mirror rule in every single relationship that I have, especially, in the relationship with my father.

For years, I have been very busy trying to let him know the aspects of his personality that I don’t like. I never thought about the reasons why I don’t like them, those reasons being most probably a humbleness lesson.

As I have been focused on the less attractive side of the relationship with my father, I forgot to thank him.

So, dad, this is for you:

First of all, thank you for my life and my siblings’ lives. I would not be who I am today without you, mum and my brother and sisters.

Thank you for taking us to watch that Star Wars movie when Carmen was born. I was very young and coming out from the cinema when it was dark was an enormous adventure for me.

Thank you for taking us to the trampolines in Juvenalia. We enjoyed so much!

Thank you for coming every summer afternoon to pick us up at the club after working long hours. It was a big thing to see you coming from the gate.

Thank you for driving to our countryside refuge every day during August so mum and my brother and sisters could spend the month more comfortable than in the heat of the city.

Thank you for taking me with you to your weekend job trips around Spain. I felt very special.

Thank you for volunteering for the school parent shows. I was very proud of you.

Thanks for sharing your writings and reflections about life. They are a great inspiration for my own ones.

Thanks for cooking with so much care when mum was not at home. And when she was at home as well.

Thank you for working extra during some weekends and summers so we could have a better life.

Thank you for teaching us the value of love to the family.

Thanks for not allowing me to give up and encouraging me to do my best during my studies.

Thanks for inspiring me to travel around the world.

Thank you for transferring me your air miles so I could travel to England that summer.

Thanks for the Mexican poncho and the watch that I know you chose for me.

Thanks for having tons of books at home.

Thank you for stamping on us the values of Ethics and Justice. And solidarity.

Thank you for travelling miles to visit us every year, no matter how far we are.

Thank you for being present every time that we have welcomed a new baby.

Thanks for sharing your love to mountains and to mother nature.

Thank you for sharing the satisfaction of being alumni of “El Pilar”.

Thank you for teaching me the importance of waiting and the value of “being” versus “doing”.

Thanks for your honesty, even if it hurts.

And thank you for so many things that would make this letter infinite since little things coming from you become great under my eyes.

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