El miedo

 

el miedo

Se me ocurre que una de las mejores formas de sacar el miedo que habita en mi cuerpo y en mi psique es escribir sobre él. En mi agenda, en el día de hoy, leo una nota en palabras mayúsculas que dice ESCRIBIR. Se me ocurren mil excusas para no hacerlo; Puedo dedicarme a buscar el hotel en el que pasaré unos días con mi familia en Vietnam a final de esta semana;  O en su defecto, ir al gimnasio a acompañar a mis hijos que decidieron ocupar parte de su mañana en ese quehacer. Al fin y al cabo, ellos me lo han pedido y yo se lo he prometido…No. Esta vez no.  En esta ocasión, decido lanzarme a experimentar el sabor que guarda el romper una promesa y me dispongo a dedicar este tiempo para mi, en lugar de hacerlo para otros con la excusa de que ellos me necesitan.

Llevo un tiempo observando con ojo crítico mis reacciones ante determinadas situaciones. Voy descubriendo para mi sorpresa cada vez con más frecuencia que muchas de las decisiones que tomo a diario están o bien dirigidas o bien influidas por el miedo. El miedo en sus infinitas formas, oculto en un sinfin de pretextos o justificaciones.

¿Porqué no me siento a escribir más a menudo si es una actividad que me llena y me hace sentirme completa?¿No es absurdo? Mi respuesta a estas preguntas y el hecho de no ser más constante escribiendo, a pesar de ser un deleite para mi, la encuentro en el interior de una niña asustada. Una niña que teme ser juzgada y a la que le aterroriza una posible falta de eco de sus palabras.

Intuyo que lo mismo sucede en relación a otros proyectos y actividades que me cuesta emprender. Encuentro obstáculos en el camino que puedo llegar a advertir como insalvables.  Al margen de la magnitud de la motivación que me mueve y en más ocasiones de las que me gustaría reconocer. Multitud de veces, a este irritante bloqueo, le he llamado pereza. Pero ahora veo de manera cristalina e incuestionable que se trata de miedo.

Me considero muy afortunada por que la vida me ha regalado una sensibilidad extrema. Hasta hace no mucho tiempo no he abrazado y aceptado este maravilloso presente en su totalidad, sin reparos y con entusiasmo. Gracias a él, puedo conectarme con las distintas emociones y preguntarles el motivo por el que están ahí. Y creedme, siempre hay un motivo.

Es el miedo la emoción que me viene rondando de forma más insistente en esta  última temporada. Y resulta muy interesante observarlo. Porque ahora que lo veo, y por tanto, lo reconozco, siento que millones de puertas se abren ante mi. Ya no hay obstáculos insalvables. Ya no hay excusas que se quedan archivadas en la lista de sueños pendientes de cumplir. Sólo miedo. MIEDO.

Qué maravillosa revelación. Una vez reconocida la emoción, siento que el trabajo más difícil está hecho.

El miedo es intrínseco al ser humano. Es una emoción que tiene como objetivo fundamental protegernos. Pero la protección no es sinónimo de bloqueo. La protección tiene sentido en su momento y en una época evolutiva concreta tanto del ser humano como colectivo como del ser humano a nivel individual.

Presiento que el motivo por el que percibo el miedo de manera tan clara y además puedo identificar su procedencia, es por que es el momento de pasar a la acción. Es el momento de empezar a caminar, de mirarlo de frente, de darle la mano y por un instante, fundirme con él hasta que lo sienta de manera consciente y profunda en todo mi ser. Y entonces atravesarlo, experimentar su densidad, su peso, su importancia, su valor.

Lo visualizo como un viaje. Todo lo que pesa va quedando atrás y sólo me queda apuntar hacia adelante. El horizonte se presenta limpio, luminoso, lleno de oportunidades. Las nubes que me impedían ver el paisaje se disipan y veo mi sueño mucho más cerca. Lo palpo, lo reconozco por su nombre, lo saboreo.

Avanzar en la senda no deja de ser dificultoso. En la medida en que voy venciendo dificultades, una por una, paso a paso, en un equilibrio entre poner de mi parte y dejar hacer al espíritu, se abren puertas frente a mi. Opciones inagotables a las que destinar los dones de los que gozo. La vida vuelve a cobrar sentido, una vez más.

Siempre que busco, encuentro.

Desde mi experiencia te aliento a levantarte, a dejar que la tormenta te atraviese, sin huir de ella. Ha venido para hacerte sentir vivo, para recordarte quien eres y lo que has venido a hacer. Considera la lluvia, los truenos y los relámpagos como un privilegio, una oportunidad más que te da la vida de ir más allá de tus miedos. De perseguir tus sueños.

 

 

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