La sabiduría del tiempo / The wisdom of time

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Cuando hace algunos años hice un curso de Educación de las Emociones, se me quedó grabado a fuego uno de los relatos recopilados. En él, un individuo visitaba a un viejo sabio para pedirle consejo. Narra el relato que durante la visita, el sabio, escuchó atentamente la consulta del individuo y con los ojos entrecerrados le contestó: “vuelve mañana”. Y cuenta también, que tras la respuesta del sabio, el individuo, decepcionado, torció el gesto y salió de la habitación con paso rápido e impaciente.

Cuantas veces me descubro a mi misma reaccionando de la misma forma en que lo hizo aquel hombre. Cuantas veces busco una respuesta rápida y certera. Y cuantas otras creo tener la solución cuando en realidad estoy a años luz de ni siquiera imaginarla.

Vivimos en una sociedad en la que se vanagloria la velocidad.  Cuantas más cosas seamos capaces de hacer en menos tiempo, más valiosos somos. Todo está organizado de manera que empleemos el menor tiempo posible en las tareas que se consideran tediosas y no nos damos cuenta de que el adjectivo “tedioso” lo asignamos nosotros al ejecutarlas en lugar de disfrutarlas.

Me he dado cuenta de que el poder disfrutar de cada cosa, de cada situación, depende en gran medida de la actitud con la que nos enfrentemos a ella y del valor que nosotros mismos le demos.

Y como consecuencia de este hallazgo, libremente, me dispongo a disfrutar.

Reivindico el placer de ir a la compra y pasar un buen rato. Elegir los productos uno a uno, tocarlos, olerlos, colocarlos en la cesta con delicadeza. Saludar a la cajera, preguntarle como le ha ido el día y despedirme con una sonrisa.

Reivindico el placer de calentar agua para mi té en el cazo y observar como van subiendo las burbujas desde el fondo. Servirlo humeante en la taza y esperar a que vaya perdiendo temperatura mientras miro al infinito.

Reivindico acompañar a mis hijos en su ritmo pausado, en lugar de al mío, acelerado, como este mundo. He descubierto que ellos no son lentos,  nosotros vamos rápido.

Reivindico el paseo, sin destino ni objetivo, por el mero deleite de sentir que estoy viva y el cuerpo me responde.

Reivindico el placer de prepararme con sosiego para el nuevo día. Sentir el agua templada de la ducha sobre mi piel y absorber el aroma a limpio y fresco. Elegir con mimo la ropa que envolverá mi cuerpo y contribuirá de manera temporal a mis señas de identidad.

Reivindico dedicar tiempo a la lectura de un libro sin la urgencia ni necesidad de que me “sirva” para algo. Disfrutar de la capacidad para entender lo que leo y ponerme en la piel de la persona que lo escribe. Pasar las páginas sintiendo la textura del papel e identificar el olor a impresión.

Reivindico saborear los platos en mis comidas. Diferenciar las texturas, reconocer los ingredientes, agradecer el alimento.

Reivindico ver salir el sol cada mañana en el horizonte. Observar como va subiendo despacio, sin prisa, al ritmo de su propio latido.

Reivindico escuchar las noticias asimilando lo que escucho. Con conciencia. Descifrando los mensajes codificados que nos hablan de lo mucho que este mundo nos necesita.

Reivindico la disposición para dejar a un lado mis tareas cuando un amigo me pide auxilio.

Reivindico, en definitiva, todo lo que me ayude a vivir y a disfrutar del presente tal y como se me ofrece. Sin reaccionar ante él, escoltándolo en su transcurrir irrepetible e instantáneo.

Y por supuesto, reivindico darle permiso al tiempo para que madure mis acciones y decisiones. Quizás algún día, de esta manera, disfrute de la paz y serenidad que emana de las personas sabias.

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I remember very clearly a tale that I was told some years ago, when I followed a course aimed at the education of emotions. The tale told of a man who visited a wise old monk in search of advice. After being asked for guidance, the aged man half-closed his eyes and following a long silence, he said; “come back tomorrow”. The advice seeker, showing disappointment and disillusionment, quickly walked towards the door and left the room and the monk behind.

Many times I have seen myself acting in the same way that the man of the tale did. And so many times I try to find a quick and accurate answer. Some other times, I feel I have definitely found “the solution” when in reality, I am far away from even imagine it.

Speed is very much appreciated in our society. We are valued for achieving the maximum amount of things in the shortest time. Everything is organised so we don’t have to spend too much of our days doing tiresome tasks and we don’t realise that they are tiresome because we have transformed them to be as such.

I have realized that enjoying situations and things depends on our own attitude and on the value that we do give to them.

And as a consequence of this discovery, I freely decide to enjoy.

I reclaim the enjoyment of doing my shopping while having a good time. Taking my time to select the products, smelling and touching them, and carefully put them inside the basket. Greeting the cashier and asking her about her day before saying goodbye with a smile.

I reclaim the pleasure to boil water for my tea in a pot and notice the bubbles slowly coming up from the base. To serve the steaming tea into the mug and wait while staring at infinity until the temperature of the tea drops.

I reclaim a stroll with my children at their own pace, instead of mine, speedy as this world it is. I have realised that the children are not slow but we adults, move at high speed.

I reclaim a walk without a goal or a  destination. Just enjoying the act of walking and feeling alive.

I reclaim the pleasure to get ready for the new day in a slow mode. Feeling the warm water from the shower over my skin and absorbing the fresh fragrance of a clean body. To carefully choose the clothes that I will wear for that day and which will in a way talk about how I am feeling and who I am.

I reclaim quality time for a good book without the need or urge to get something especific from it. To enjoy just the facts that I am able to understand what I read and I can see through the writer’s eyes. Turning the pages and feeling their texture, inhaling the printing scent.

I reclaim the act of savouring my meals. To Identify the ingredients and feel the different tastes.  To be thankful for the nourishment.

I reclaim the opportunity to see the sunrise everyday. To watch the sun slowly coming up at its own beat rhythm.

I reclaim the stillness to listen to the news counciously. Trying my best to understand what it is that the world needs from me.

I reclaim the ability to listen to my friends needs and have the courage to give them time.

I ultimately reclaim all of what makes me live and enjoy the present moment as it comes. Without reacting against but escorting it on its instantaneous flow.

And of course, I reclaim the bravery of allowing time for my actions and decisions to become mature. This way, maybe one day I will enjoy peace and serenity that exudes from wisdom.

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Vuelvo a casa/ Coming back home

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Desde que tengo memoria, siempre me ha gustado viajar en avión. Me produce una dulce sensación de atemporalidad. El tiempo y el espacio no existen. Me encuentro suspendida en el cielo, a miles de metros de la madre tierra. Y me encanta. Porque es cuando conecto de verdad con mi propia esencia, con mi ser.
Nada me espera, nada me reclama. Soy únicamente yo, conmigo. Lo vivo como un reencuentro.

Una amiga mía comentó una vez que me gusta más un avión que a un niño un dulce y tiene toda la razón. Pero es por eso. Porque me lleva a lugares en los que en mi día a día no me resulta fácil estar. Porque hace que todo lo que me preocupa o dirige mi vida de manera cotidiana desaparezca. Y entonces me descubro.
Qué aventura es esa la de acercarse a uno mismo. Qué afortunada me siento de poder saciar esta necesidad.Conforme van pasando los años, este acercamiento hace que me sienta más segura. Más en mi camino. Más centrada.

Mi vuelta a casa en esta ocasión es algo diferente. Regreso de forma más consciente porque así lo he elegido.
Intuyo cada vez con más claridad cuál es mi papel en el mundo, aunque esto sea mucho decir.
No me asustan las turbulencias del camino puesto que sin ellas no habría crecimiento personal. Qué sería de un mar sin olas, sin tormentas, sin cambio de mareas.

Estas semanas en mi tierra de referencia me han hecho vibrar. Me han recordado la importancia de conectar con nuestras raíces, con nuestros recuerdos, con nuestro pulso. Qué poderoso resulta permitir al corazón que hable y seguir el ritmo de sus latidos, sin cuestionar, sin juzgar.
Vuelvo a mi hogar teniendo presente lo que dejo atrás. Y sabiendo que a pesar de que dejo muchísimo, apuesto por muchísimo también. Y que además, los que me queréis, apostáis conmigo…y eso no tiene precio. No se puede medir de ninguna forma. Es inconmensurable.

Y es en este momento en el que quiero agradecer todo lo que he vivido.
Quiero agradecer a mis padres el bienestar que me produce saber que me quieren como soy. Que no importa el camino que yo elija o que me lleve que ellos siempre van a estar ahí.
Quiero agradecer a mis hermanos esa sensación de pisar suelo conocido y poder dejarme caer con toda la confianza, porque sé que sus brazos me van a sostener.
Quiero agradecer a mis hijos el quererme y necesitarme sin condiciones, tal y como soy, solo por el simple hecho de ser su madre.
Quiero agradecer a mi pareja su decisión de compartir su vida conmigo. Una vida es todo y compartirla significa mucho más.
Quiero agradecer a todas las personas que se han encontrado conmigo en este viaje sus palabras de aliento. Ha sido una visita especial a mi patria, al escenario que me vio  nacer. Y a su vez, una oportunidad para descubrir gente maravillosa que me incita a acercarme a la senda que me espera.

Gracias Sagrario, gracias Victor, gracias Carmen. Todos vosotros sois partícipes de que me sienta merecedora de todo lo que la vida me brinda. Muchas gracias. Gracias porque ya nunca se me va a olvidar lo imprescindible que para mí resulta recargarme de energía. Gracias porque voy a recordar sin duda la trascendencia de disfrutar al máximo  y sin prejuicios. Y por supuesto, gracias porque ni un solo día voy a dejar de repetirme que TENGO LA CAPACIDAD ILIMITADA DE CUMPLIR MIS SUEÑOS.

Con mucho cariño, en el aire, en el trayecto de Madrid a Singapur, de vuelta a casa.

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Since I can remember, I have always loved travelling by plane. It feels as if life pauses and there is nothing to worry or care about. Time and space do not exist anymore. I feel like I am hanging from the sky, thousands of meters away from mother earth. And I love it. This experience, allows me to connect with my essence, with my real self. Nothing awaits or requires my attention. It is only Me, with myself. It is a reencounter.

One of my girlfriends once said that I love flying more than a child loves candies. And she is right. The reason is that such an experience takes me to places where I can’t usually be in my daily life. Because during the “flying time”, everything that worries me or rules my life is out of the picture. And it is during this time that I find myself. It is an enormous adventure to get closer to oneself. I feel grateful for being able to fulfil this need. As I grow older, being close to myself makes me feel secure, well-balanced and focused.

Today, returning home feels different. It is a conscious choice. I can sense more clearly my role in this life. Turmoil in life does not scare me since I know that it is part of my personal growth. The sea without waves, storms or tides would not be the sea.

The last weeks in my homeland have revitalized me. I have been reminded of the significance of connecting to my roots, to my memories, to my pulse. It is really powerful to allow our heart to talk and follow its heartbeat, without questioning, without prejudices. I come back home being even more conscious of what I am leaving behind. And knowing that despite leaving so much behind, I am betting on a life that will make me stronger and a better person. Those who love me are also betting with me, showing their vast and unconditional esteem.

So I would like to show now my gratitude for all that I have lived through these past days. I want to thank my parents for loving me for who I am. No matter the route that I walk, they will always be on my side. I want to thank my siblings for letting me know that I can lean on them, anytime. I want to thank my children for making me feel loved and needed without conditions, just for the fact of being their mother. I want to thank my partner for sharing his life with me. Sharing a life means everything to me.

I want to thank everybody for the words of encouragement. This visit to my mother country has been very special, and a great opportunity to meet amazing people who drive me closer to a path that is waiting for me.

Thank you Sagrario, thank you, Victor, thank you, Carmen. All of you make me feel worthy of the amazing things that life brings to me. Thank you very much. Thank you because I am not ever going to forget the need to recharge my energy. Thank you because I will remember to get the most out of every situation. And thank you because I am going to tell every day to myself that I AM FULLY ABLE TO ACHIEVE MY DREAMS.

With love, in the air, flying from Madrid to Singapore, coming back home.

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Carta a mi padre/ Letter to my father

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Después de varios años de lectura y reflexión sobre el tema, tengo bastante claro y soy consciente de que las cosas que más nos molestan o irritan de los demás, son cosas intrínsecas a nuestra personalidad, que por unas cosas u otras, no hemos aceptado como parte de nosotros.

Pero cuando ayer leí un cuento oriental titulado “La ley del espejo” que mi hermana menor me había enviado, me quedé perpleja.

Parecía haber sido escrito para mi, en este preciso momento de mi vida. Y aunque sé que no ha sido escrito exclusivamente para mi, pues somos muchísimos los que nos podemos beneficiar del precioso relato de Yoshinori Noguchi, sí que ha llegado a mi vida en el momento justo.

Empecé a leerlo anoche y aunque no lo he terminado -en un momento de la lectura las lágrimas me impedían distinguir las letras- he sentido la urgencia de escribir en este post una carta a mi padre.

Me he dado cuenta de que no soy consciente de la ley del espejo en todas y cada una de mis relaciones, y especialmente, en mi relación con él. Llevo gran parte de mi vida haciéndole saber de una manera u otra los aspectos de su personalidad que no me agradan sin pararme a pensar en la lección de humildad que obtendría de analizar un poco el porqué.

Y en el camino, al concentrarme únicamente en esa parte menos atractiva de la relación, se me ha olvidado darle las gracias.

Así que padre, esto va por ti:

En primer lugar, por supuesto gracias por darme la vida, a mi, y a todos mis hermanos. Sin ti, sin mamá y sin ellos, hoy no sería quien soy.

Gracias por llevarnos a ver aquella peli de Star Wars cuando nació Carmen. Yo era muy pequeña y fue una gran aventura salir del cine cuando ya era de noche.

Gracias por llevarnos a Juvenalia a saltar en las colchonetas. ¡Lo pasábamos tan bien!

Gracias por venir cada tarde de verano a recogernos al club después de una larga jornada de trabajo. Verte aparecer por la entrada era todo un acontecimiento para mi.

Gracias por meterte en carretera cada día durante años en el mes de agosto para que mamá y nosotros pudiésemos estar más a gusto en la sierra.

Gracias por llevarme contigo los fines de semana cuando ibas a examinar opositores a distintas ciudades de España. Me hacías sentirme muy especial.

Gracias por ser el primer voluntario para participar en las funciones del colegio que hacíais los padres para los hijos. Me producía gran orgullo.

Gracias por todas tus reflexiones y escritos sobre la vida que has compartido con nosotros. Han sido y son una gran fuente de inspiración para los míos.

Gracias por guisar con tanto cariño para nosotros cuando mamá no estaba. Y cuando ella estaba también.

Gracias por trabajar extra algunos fines de semana y veranos para darnos lo mejor.

Gracias por transmitirme el amor a la familia.

Gracias por insistir en que no me cambiase de carrera y que demostrase de lo que soy capaz.

Gracias por inspirar mi deseo de conocer mundo.

Gracias por regalarme esos puntos de Iberia para que pudiese viajar un verano a Inglaterra.

Gracias por aquel poncho mexicano y por aquel reloj que sé que tú elegiste.

Gracias por tener la casa llena de libros.

Gracias por grabar a fuego en mi conciencia los valores de justicia y de ética. Y el de solidaridad.

Gracias por hacerte miles de kilómetros cada año para venir a vernos, no importa el lugar del planeta que hayamos elegido.

Gracias por estar a mi lado en cada ocasión en la que he sido madre.

Gracias por compartir tu amor por la naturaleza y la montaña.

Gracias por la satisfacción que me produce ser Pilarista como tú.

Gracias por enseñarme la importancia de la espera. Del no tener que “hacer” sino de “ser”.

Gracias por tu sinceridad siempre, aunque duela.

Y gracias por muchas cosas más que me dejo en el tintero que harían de esta carta algo infinito pues las pequeñas cosas que de ti vienen se hacen grandes a mis ojos.

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I thought I could clearly acknowledge now, after years of reading and reflecting on the issue, that the characteristics that we find most irritating in other people are these ones that we don’t accept in ourselves.

But I felt caught by surprise when I read yesterday the title that my sister recommended to me; “ The mirror rule”.

It felt that it had been written for me, just for this time of my life. Although I know it was not written exclusively for me since plenty of people can enjoy this masterpiece of Yoshinori Noguchi, I have read it at the right moment.

I started reading it yesterday evening and though I have not finished the reading yet- the tears didn’t allow me to see clearly- I felt the urge to write a letter to my father.

I have realised that I am not aware of the mirror rule in every single relationship that I have, especially, in the relationship with my father.

For years, I have been very busy trying to let him know the aspects of his personality that I don’t like. I never thought about the reasons why I don’t like them, those reasons being most probably a humbleness lesson.

As I have been focused on the less attractive side of the relationship with my father, I forgot to thank him.

So, dad, this is for you:

First of all, thank you for my life and my siblings’ lives. I would not be who I am today without you, mum and my brother and sisters.

Thank you for taking us to watch that Star Wars movie when Carmen was born. I was very young and coming out from the cinema when it was dark was an enormous adventure for me.

Thank you for taking us to the trampolines in Juvenalia. We enjoyed so much!

Thank you for coming every summer afternoon to pick us up at the club after working long hours. It was a big thing to see you coming from the gate.

Thank you for driving to our countryside refuge every day during August so mum and my brother and sisters could spend the month more comfortable than in the heat of the city.

Thank you for taking me with you to your weekend job trips around Spain. I felt very special.

Thank you for volunteering for the school parent shows. I was very proud of you.

Thanks for sharing your writings and reflections about life. They are a great inspiration for my own ones.

Thanks for cooking with so much care when mum was not at home. And when she was at home as well.

Thank you for working extra during some weekends and summers so we could have a better life.

Thank you for teaching us the value of love to the family.

Thanks for not allowing me to give up and encouraging me to do my best during my studies.

Thanks for inspiring me to travel around the world.

Thank you for transferring me your air miles so I could travel to England that summer.

Thanks for the Mexican poncho and the watch that I know you chose for me.

Thanks for having tons of books at home.

Thank you for stamping on us the values of Ethics and Justice. And solidarity.

Thank you for travelling miles to visit us every year, no matter how far we are.

Thank you for being present every time that we have welcomed a new baby.

Thanks for sharing your love to mountains and to mother nature.

Thank you for sharing the satisfaction of being alumni of “El Pilar”.

Thank you for teaching me the importance of waiting and the value of “being” versus “doing”.

Thanks for your honesty, even if it hurts.

And thank you for so many things that would make this letter infinite since little things coming from you become great under my eyes.

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Te necesito/ I need you

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Gran parte de mi vida la he pasado tratando de convertirme en una persona autónoma, independiente y autosuficiente.

Según cuenta mi madre, con dos años me fui un buen día de paseo yo sola. Ni corta ni perezosa, salí de casa de unos familiares y subí escaleras arriba tocando las puertas de los vecinos hasta que una vecina abrió la suya y afortunadamente me devolvió de vuelta a casa de mis tíos.

Desde muy pequeña iba andando al cole, en muchas ocasiones como responsable de mis dos hermanas menores, cuando mi hermana mayor no coincidía en horarios con nosotras. También recuerdo ir en metro o caminando sola o acompañando a mi hermana pequeña a las clases de gimnasia deportiva a las que durante años asistimos dos veces por semana.

No se me olvida el primer día que cogí el autobús para ir a casa de una amiga más allá del radio que para mí hasta entonces era conocido. Me pasé la parada y tuve que recorrerme la línea entera y pagar de nuevo para asegurarme de que me bajaba en el lugar correcto. Llegué tardísimo a mi cita, pero muy orgullosa de haber solucionado el error de una manera razonable.

Como colofón de mis aventuras de autonomía a una edad temprana, me empeñé en ir a pasar un mes de verano a Inglaterra a hacer un curso de inglés y tenis, al que no se había apuntado ningún Español más. Como consecuencia, tuve que buscarme la vida yo sola para coger el autobús que me llevaría al pueblo de destino desde el aeropuerto de Londres. Prueba superada, esta también la resolví con éxito.

Fueron pasando los años y seguí en la dinámica de crecer en ese sentido.

Hasta que me pasé de frenada…

Cuando tenía 18 años, a mi padre le ofrecieron un puesto de trabajo en el extranjero, algo que formaba parte de su sueño como profesional y que como tal no podía rechazar. Yo había empezado la carrera, y mis padres, que siempre han sido muy respetuosos y liberales con nuestras decisiones, me preguntaron si quería irme con ellos o prefería quedarme en Madrid. A mí se me hizo un mundo un cambio tan radical de vida y pensando que estaba de sobra preparada, decidí quedarme.

Su marcha, llevándose con ellos a mis dos hermanas pequeñas, me rasgó las entrañas.

Hasta ese momento había sido capaz de superar todo tipo de obstáculos y situaciones y me dije que tenía que ser capaz también de superar este nuevo reto. Hice lo posible para que mi desconsuelo no se notara. Ahogaba mis lágrimas cada vez que después de unas vacaciones nos despedíamos en el aeropuerto. Y seguía viviendo mi día a día como si todo fuera normal, pero no lo era.

Me acostumbré a resolver problemas domésticos y no domésticos, a mi manera, sin preguntar. Ellos habían confiado en mi capacidad para tirar hacia delante sin su ayuda y yo no les iba a defraudar.

Este empeño en demostrarme a mi misma que podía con la situación me llevó a la errónea conclusión de que no necesitaba a los demás.

Recuerdo que una vez, conversando con un buen amigo, le dije que estaba trabajando duro para acostumbrarme a vivir sin necesitar a mis padres. Y él me respondió: ¿Y porqué no te cortas un brazo?, Así te acostumbras a vivir sin él, ¿no?

No puedo más que darle la razón a este amigo maravilloso que es ahora mi marido.

Y es en este momento de mi vida en el que aprovecho para compartir con todos vosotros lo que he aprendido a lo largo de los últimos años.

Necesitar a los demás no es símbolo de debilidad. Necesitar a los demás es una bendición. Y si hacemos caso a nuestras necesidades y nos dejamos guiar por ellas, no erraremos el camino. Nos haremos más fuertes, más humanos, más ejemplo para los que nos rodean.

Eso sí, sin confundir necesidad con dependencia. No es fácil, pero se aprende. Como todo, se aprende.

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I have always worked hard to become an independent and a self-sufficient person.

My mother still smiles when recalling the day that I left my uncles’ home by myself. I was two years old. I exited the apartment and run upstairs without anybody noticing it. Only they realised that I had left when a neighbour brought me back asking if I belonged to anybody at my relatives’ house.

Since I was very young, I walked from home to school, many times being in charge of my younger siblings. I also remember taking the metro or walking either alone or together with one of my sisters to the gymnastics activities that we attended for years.

I will not forget the first time that I took the bus that would drive me to a friend’s house, far away from my neighbourhood. I missed the stop and I had to wait for the bus to do the entire journey and pay for the bus ticket again so I reached the correct place to get off. I arrived late to my appointment but feeling very proud of my achievement.

To top it all of, one summer, when I was a young teenager, I insisted on attending a camp in England where there was not expected to be any other Spanish student. As a result, I had to travel alone from London Heathrow airport to the small town where the camp took place. I experienced a great feeling of success when I arrived at the town safe and on time.

During years, I kept working on my independence and self-sufficiency.

But I went too far…

When I was eighteen, my father was offered a job overseas. It was a dream for him, so he decided to accept the offer. When this happened, I had already started my career studies. My parents, always respectful with my decisions, asked me wether I prefered to go with them or continue studying in Madrid. Such a life change felt like too much for me. I decided to stay, trusting that I was ready for living without my parents being closeby.

The departure of my parents, taking with them two of my siblings, tore my soul.

I had been able to overcome any obstacle and situation so far, so I decided to stay on track and take on the challenge. I did my best to hide my distress. I used to mask my tears whenever we said goodbye to each other after a family holiday together. I carried on with my life as if everything was normal, but it wasn’t.

I got used to solving domestic and non-domestic issues my way, without asking. My parents trusted my ability to take care of myself and I was not going to disappoint them.

My determination to show that I could manage the situation led myself to the wrong belief that I did not need anybody.

I remember revealing to a good friend that I was working hard in order not to need my parents anymore. He replied to me: Why don’t you cut one of your arms then? This way, you will get used to living without it, right?

I can only agree with this wonderful friend who is today my husband.

And it is now that I want to share with you what I have learnt during the last years.

To need the people does not mean to be weak. To need the people is a blessing.

And if we listen to our needs and let them guide us, we will never be wrong. We will get stronger, more self-aware and great role models for other people.

But be aware and don’t mix up need and dependence. It is difficult but it can be learnt. Everything can be learnt.

 

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Dejar Ser / Let it be

Dejar ser

Muchas veces me he sentido responsable de la felicidad de los demás.

Lo asumo como normal, de alguna manera me han enseñado desde niña a proteger y a cuidar lo mío.

Desde un punto de vista cómodo y poco realista, me gustaría que todo y todos aquellos que para mí son importantes viviesen cubiertos por un manto mágico que les brindase protección, que nada ni nadie pudiese interferir en su dicha.

Pero me doy cuenta de que esa es la forma fácil, plana, sin sobresaltos, sin pasión, sin aprendizaje, en definitiva, vacía de todo lo que poco a poco hace que nos convirtamos en personas.

Descubro gran parte de ego en la reacción de control. Durante mucho tiempo he creído que lo que me produce felicidad y bienestar a mí, le tiene que producir felicidad y bienestar también a los demás. Y de ahí mi empeño en tratar de dirigir y aconsejar a la gente que de mí depende o sobre la que tengo una cierta influencia.

Y tengo que reconocer que soltar, dejar ir y dejar ser, me resulta un ejercicio doloroso.

Por una parte, cuando doy libertad a otra persona, me expongo a deshacerme de un pedazo de mí, pues ya no voy a verme reflejada en el otro si éste decide descartar en su persona esa cualidad o característica mía.

Por otra parte, recibo una lección de humildad. Las elecciones de otros son tan válidas como las mías.

Desde hace tiempo, procuro tener los ojos bien abiertos (y el orgullo en baja guardia) para observar las infinitas opciones que otras personas me muestran y de las que siempre puedo aprender.

Hoy he vivido una experiencia significativa en este sentido.

Después de una conversación con mi hermana pequeña (por skype, que todo lo acerca), me he dado cuenta de que a pesar de mi empeño en seguir protegiéndola, ella vuela sola y cada vez lo hace más alto. Al terminar la conexión online con ella he sentido un leve tirón. La lazada que nos mantenía unidas se ha deshecho.

Mi primera reacción, la del ego, ha sido de pesar, al pensar que a partir de ahora no me necesita. Pero la segunda, más cabal y placentera, ha sido y es de gratitud. Ahora puedo decir que nos encontramos en el mismo viaje y como colaboradoras, podemos llegar más lejos. Y nos necesitamos la una a la otra, pero de otra manera.

Experimento prácticamente a diario situaciones en las que no me queda más remedio que dejar ser. Me sucede con mis hijos. Cuando soy capaz de deshacerme de la piel de madre y de mujer de cuarenta y dos años y los miro con ojos nuevos, recibo de ellos lecciones magistrales.

Y esto es aplicable no solo a los niños, sino a todos los seres que nos rodean. Tenemos una gran escuela a nuestro alrededor de la que podemos aprender a diario. Solo nos hace falta abrir bien los ojos, sin prejuicios ni verdades preestablecidas.

Os invito a practicarlo, todo un mundo de posibilidades se abrirá ante vosotros.

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Many times, I have felt keeping the ownership of my loved one’s happiness. I have usually accepted as normal since I have been taught as a child to take care and protect whatever belongs to me.

From an unrealistic perspective based in comfort, I would love people and things that matter to me to be covered under a magic mantle that protect and keep them safe.

But I realize that this would be the smooth and easy way of experiencing life. Without passion, without learning, definitively empty of all that we need to bit by bit become human beings.

I find plenty of ego involved in actions promoted by control patterns. For long, I have believed that whatever comforts and makes me happy has to cause the same effect on others. Therefore, I have been trying to direct and give advice to the people that depends on or is somehow influenced by me.

And I have to admit, that to release, to let it be is a painful exercise.

When I give freedom to a person, I am potencially giving a part of myself . I may not be reflected in the other person wether she or he decides not to acknowledge this part of me. It is all about humbleness. Other people’s choices are as suitable as mine.

Now I am trying to keep my eyes wide opened and pride in “low mode” so I can be aware of the infinite potential that people own.

Today, I had a meaningful experience.

After a conversation with my youngest sister (Skype is a powerful tool), I have concluded that I don’t need to protect her anymore. She has her own wings and she flies high. When disconnecting the call, I felt a light pull. The bow between us has been disentangled.

My first reaction, directed by ego, has brought me pain. My little sister did not need me anymore. But the following one, sensible and delightful, has brought gratitude.

Now, we are partners in the same journey. Together, we can go further. We still need each other, but in another level.

I often live situations that drive me to let it be. My children create them every day.

Whenever I manage to remove my skin of mother and of a forty two years old women, I look at my children with new eyes and get master teachings from them.

This may be applicable not only to children but to every single person around us.

There is an amazing school of life outside. We only have to keep our eyes wide opened. No prejudices or long time pre-established truths.

I invite you to experience life opened to infinite possibilities . It is pure blessing.

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Quien soy/All about me

Quien soy yo

Hace algunos años, una persona extraordinaria a la que yo estimo mucho me preguntó: Y tú Roseta, ¿quién eres?

Yo le respondí; yo… soy Roseta, madre de tres niños, esposa de Javier, contable de la Oficina Comercial Española en Dubai…

Entonces ella me interrumpió y me dijo; sí, sí, pero no te he preguntado tu estado civil ni en qué trabajas sino…¿quién eres tú?

Fue en aquel momento cuando me di cuenta de que me había perdido. No sabía quien era. Me encontraba a años luz de mi esencia. Como bien dice una buena amiga, me había salido de mi eje.

Así las cosas, decidí embarcarme en una labor de búsqueda. La búsqueda más compleja a la que nunca me he enfrentado. Y la más apasionante también. Tuve que demoler el edificio que había construido desde fuera para empezar a levantar uno nuevo, muy lentamente, con mucho mimo y paciencia y siempre desde dentro.

Aún me encuentro lejos de encontrar “la respuesta” concreta a la pregunta que me precipitó a comenzar el viaje a mi interior. Quizás no la encuentre nunca como tal, puesto que a medida que yo me acerco a ella, la respuesta se transforma. Pero el camino que recorro para acortar la distancia entre las dos, es puro deleite. Lleno de sorpresas y sobre todo de gente maravillosa.

Por si se da el caso de que has llegado hasta aquí leyendo y te da la sensación de que sigues sin saber nada de mí, me describiré de una forma un poco menos poética;

Soy Roseta y dedico la mayoría de mi tiempo a mi faceta de madre de familia y esposa. Me encanta y me vuelve loca a la vez.

Vivo expatriada de mi país de origen, España, desde hace quince años. Desde hace dos, vivo en Singapur.

Una de las cosas que más pueden iluminar mi rostro es la mención a un viaje. Me apasiona viajar, conocer nuevas culturas y lugares, y reconocer los que tienen un significado para mi.

Adoro la naturaleza y sobre todo la montaña. Me escapo a disfrutarla cada vez que puedo y mi energía la obtengo de ella y de mis seres queridos.

Me da mucha paz rezar, meditar y compartir mis preocupaciones y desvelos.

Mi gran sueño es construir y poner en funcionamiento un hogar en África en el que podamos dar cobijo y educar a niños que lo necesitan. Y lo comparto porque sé que así se hace más real.

Ah, Y ¡me encanta escribir!

Ojalá esta información te haya aclarado un poco más quien soy.

Y tú, ¿ quién eres? Me encantaría saberlo…

 

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A few years ago, one of the angels that I have been lucky enough to meet, asked me the following question; Who are you Roseta?

I answered; I am Roseta, mother of three, married to Javier, accountant at the Spanish Commercial Office in Dubai…

She interrupted me and said; all right, all right, but I didn’t ask you your civil status or where you do work but Who you are…

It was in that very moment that I realized that I was lost. I didn’t know who I was. I was miles away from my essence. As a good friend of mine says, I had messed it up.

So, I started a long trip to my inner self. This trip being the most complicated that I have ever travelled and the most fascinating as well. I had to demolish the building that I had built from the outside so as to start raising a new one, patiently, slowly and always from the inside.

I am still far away from finding “the answer” to the question that pushed me to start my introspection. I might never find it since it changes, as I get closer to it. But the road that I am driving is pure delight. It is packed with surprises and amazing people.

Just in case you have read up on this line and feel that you still don’t know anything about me, I will describe myself in a less poetic style;

I am Roseta and I spend most of my time taking care of my family. I love it and it drives me crazy at the same time.

I am expatriated from Spain since fifteen years ago. I live in Singapore since two years ago.

Something that really makes me feel alive is travelling. I am passionate about visiting new places and exploring new cultures. I love to re-visit the scenarios that mean something to me.

I adore nature and mountains. I enjoy them whenever I can and I get my energy from them and from my loved ones.

I feel at peace praying, meditating and sharing my worries and fears.

My long-term dream is to build and run a home for disadvantaged children in Africa. A place where they can live and receive an education. And I love to share my dream since it becomes realer.

And of course, I love writing!

I hope this information gives you a better picture of myself.

 

And…Who are you? I would love to know!

 

 

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La Navidad / Christmas Season

Imagen Navidad con texto

Llevo varias semanas dejándome llevar por la marea que año tras año me arrastra a medida que se acercan las celebraciones navideñas.

Como expatriada, empiezo pronto los preparativos. Son muchas cosas las que hay que organizar antes de iniciar el viaje que nos llevará de vuelta a nuestra tierra, a los “nuestros”.

Este año he empezado incluso antes de lo habitual, con la intención de darme el lujo de ir despacio y convertirme en espectadora de mi propia experiencia.

Pero no he conseguido mantener el ritmo. El paso que inicié sosegado acabó convirtiéndose en zancada, cada vez más veloz y más urgente. Lo que comenzó siendo un disfrute se tornó en una carrera por terminar cuanto antes.

No consigo sacarle el jugo a las cosas que siendo en principio gratas se convierten en obligación. Las cosas que naciendo como detalle se convierten en exceso.

Considero muy importante tener un lugar al que volver. No necesariamente un lugar físico y tangible sino un espacio creado por los sentidos en el que rememoro personas, experiencias y vivencias que me hacen sentir bien.

Y me he dado cuenta de que la vorágine material me aparta del camino que se dirige a ese lugar. Me desorienta y me aturde. Me aleja del oasis de paz y bienestar al que deseo llegar, del refugio al que quiero acudir.

Necesito a mi familia y amigos. Estén cerca, o lejos. Sé que en muchas ocasiones significativas estarán lejos. Por eso es maravilloso poder cargar las pilas en Navidad con la energía que me proporcionan. Y hacer acopio de recuerdos que permanecerán en ese lugar al que siempre puedo regresar.

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For some weeks now, I have been swept away by the tide that usually pulls me whenever Christmas festivities are approaching.

I am an “expat” and as such I begin early to get ready for the long Christmas break. There are tons of things to sort out before returning home to “our” people.

This year, I have started packing and preparing even before I usually do. I wanted to indulge in a slow pace in order to observe myself from the outside.

But I haven’t been able to keep the pace. Although I tried to enjoy the ride, it suddenly turned into a hectic experience. The initial enjoyment was transformed into a race towards the finish line.

I don’t savour things that are meant to be pleasant but become an obligation. I reject the tiny detail that grows into an excess.

It is relevant for me to belong to a place where I can come back. It doesn’t have to be necessarily a physical space but something created by the senses, where I can recall people that I love and past experiences that make me feel comforted.

And I have realized that the materialistic whirl moves me away from the road which drives to that place. It makes me feel confused and lost, being difficult therefore to reach the wellness and peace that I am craving for, pulling me away from my shelter.

I need my family and friends. No matter if they are close or far away. I know that they will be far for future significant occasions. Hence, I feel blessed to share Christmas season with them, building memories that will drive me to that special place.