La sabiduría del tiempo / The wisdom of time

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Cuando hace algunos años hice un curso de Educación de las Emociones, se me quedó grabado a fuego uno de los relatos recopilados. En él, un individuo visitaba a un viejo sabio para pedirle consejo. Narra el relato que durante la visita, el sabio, escuchó atentamente la consulta del individuo y con los ojos entrecerrados le contestó: “vuelve mañana”. Y cuenta también, que tras la respuesta del sabio, el individuo, decepcionado, torció el gesto y salió de la habitación con paso rápido e impaciente.

Cuantas veces me descubro a mi misma reaccionando de la misma forma en que lo hizo aquel hombre. Cuantas veces busco una respuesta rápida y certera. Y cuantas otras creo tener la solución cuando en realidad estoy a años luz de ni siquiera imaginarla.

Vivimos en una sociedad en la que se vanagloria la velocidad.  Cuantas más cosas seamos capaces de hacer en menos tiempo, más valiosos somos. Todo está organizado de manera que empleemos el menor tiempo posible en las tareas que se consideran tediosas y no nos damos cuenta de que el adjectivo “tedioso” lo asignamos nosotros al ejecutarlas en lugar de disfrutarlas.

Me he dado cuenta de que el poder disfrutar de cada cosa, de cada situación, depende en gran medida de la actitud con la que nos enfrentemos a ella y del valor que nosotros mismos le demos.

Y como consecuencia de este hallazgo, libremente, me dispongo a disfrutar.

Reivindico el placer de ir a la compra y pasar un buen rato. Elegir los productos uno a uno, tocarlos, olerlos, colocarlos en la cesta con delicadeza. Saludar a la cajera, preguntarle como le ha ido el día y despedirme con una sonrisa.

Reivindico el placer de calentar agua para mi té en el cazo y observar como van subiendo las burbujas desde el fondo. Servirlo humeante en la taza y esperar a que vaya perdiendo temperatura mientras miro al infinito.

Reivindico acompañar a mis hijos en su ritmo pausado, en lugar de al mío, acelerado, como este mundo. He descubierto que ellos no son lentos,  nosotros vamos rápido.

Reivindico el paseo, sin destino ni objetivo, por el mero deleite de sentir que estoy viva y el cuerpo me responde.

Reivindico el placer de prepararme con sosiego para el nuevo día. Sentir el agua templada de la ducha sobre mi piel y absorber el aroma a limpio y fresco. Elegir con mimo la ropa que envolverá mi cuerpo y contribuirá de manera temporal a mis señas de identidad.

Reivindico dedicar tiempo a la lectura de un libro sin la urgencia ni necesidad de que me “sirva” para algo. Disfrutar de la capacidad para entender lo que leo y ponerme en la piel de la persona que lo escribe. Pasar las páginas sintiendo la textura del papel e identificar el olor a impresión.

Reivindico saborear los platos en mis comidas. Diferenciar las texturas, reconocer los ingredientes, agradecer el alimento.

Reivindico ver salir el sol cada mañana en el horizonte. Observar como va subiendo despacio, sin prisa, al ritmo de su propio latido.

Reivindico escuchar las noticias asimilando lo que escucho. Con conciencia. Descifrando los mensajes codificados que nos hablan de lo mucho que este mundo nos necesita.

Reivindico la disposición para dejar a un lado mis tareas cuando un amigo me pide auxilio.

Reivindico, en definitiva, todo lo que me ayude a vivir y a disfrutar del presente tal y como se me ofrece. Sin reaccionar ante él, escoltándolo en su transcurrir irrepetible e instantáneo.

Y por supuesto, reivindico darle permiso al tiempo para que madure mis acciones y decisiones. Quizás algún día, de esta manera, disfrute de la paz y serenidad que emana de las personas sabias.

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I remember very clearly a tale that I was told some years ago, when I followed a course aimed at the education of emotions. The tale told of a man who visited a wise old monk in search of advice. After being asked for guidance, the aged man half-closed his eyes and following a long silence, he said; “come back tomorrow”. The advice seeker, showing disappointment and disillusionment, quickly walked towards the door and left the room and the monk behind.

Many times I have seen myself acting in the same way that the man of the tale did. And so many times I try to find a quick and accurate answer. Some other times, I feel I have definitely found “the solution” when in reality, I am far away from even imagine it.

Speed is very much appreciated in our society. We are valued for achieving the maximum amount of things in the shortest time. Everything is organised so we don’t have to spend too much of our days doing tiresome tasks and we don’t realise that they are tiresome because we have transformed them to be as such.

I have realized that enjoying situations and things depends on our own attitude and on the value that we do give to them.

And as a consequence of this discovery, I freely decide to enjoy.

I reclaim the enjoyment of doing my shopping while having a good time. Taking my time to select the products, smelling and touching them, and carefully put them inside the basket. Greeting the cashier and asking her about her day before saying goodbye with a smile.

I reclaim the pleasure to boil water for my tea in a pot and notice the bubbles slowly coming up from the base. To serve the steaming tea into the mug and wait while staring at infinity until the temperature of the tea drops.

I reclaim a stroll with my children at their own pace, instead of mine, speedy as this world it is. I have realised that the children are not slow but we adults, move at high speed.

I reclaim a walk without a goal or a  destination. Just enjoying the act of walking and feeling alive.

I reclaim the pleasure to get ready for the new day in a slow mode. Feeling the warm water from the shower over my skin and absorbing the fresh fragrance of a clean body. To carefully choose the clothes that I will wear for that day and which will in a way talk about how I am feeling and who I am.

I reclaim quality time for a good book without the need or urge to get something especific from it. To enjoy just the facts that I am able to understand what I read and I can see through the writer’s eyes. Turning the pages and feeling their texture, inhaling the printing scent.

I reclaim the act of savouring my meals. To Identify the ingredients and feel the different tastes.  To be thankful for the nourishment.

I reclaim the opportunity to see the sunrise everyday. To watch the sun slowly coming up at its own beat rhythm.

I reclaim the stillness to listen to the news counciously. Trying my best to understand what it is that the world needs from me.

I reclaim the ability to listen to my friends needs and have the courage to give them time.

I ultimately reclaim all of what makes me live and enjoy the present moment as it comes. Without reacting against but escorting it on its instantaneous flow.

And of course, I reclaim the bravery of allowing time for my actions and decisions to become mature. This way, maybe one day I will enjoy peace and serenity that exudes from wisdom.

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3 comentarios en “La sabiduría del tiempo / The wisdom of time”

  1. Me parece muy bien que reivindiques el sosiego frente a la urgencia de la decisión apresurada y por lo mismo necesariamente irreflexiva y por ende a menudo equivocada. Ello te ahorra rectificaciones y disgustos y así la práctica del arrepentimiento que no siempre es oportuno por la forma en que nos vemos obligados a ejercerlo en virtud de las circunstancias.
    Y lo haces no sólo en la soledad coetánea del momento sino en la bonanza tranquila de lo previo donde funciona el autoconsejo de la prudencia y el sentimiento.
    Que inteligente y fenefiicioso es tener abiertos los oídos a las reflexiones que nuestra experiencia ha ido acumulando en ese lugar recóndito, pero accesible, con el acicate de la voluntad,que todos llevamos dentro
    Gracias por tus lecciones que,seguro,todos habremos estudidado pero que es conveniente repasar.

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