Te necesito/ I need you

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Gran parte de mi vida la he pasado tratando de convertirme en una persona autónoma, independiente y autosuficiente.

Según cuenta mi madre, con dos años me fui un buen día de paseo yo sola. Ni corta ni perezosa, salí de casa de unos familiares y subí escaleras arriba tocando las puertas de los vecinos hasta que una vecina abrió la suya y afortunadamente me devolvió de vuelta a casa de mis tíos.

Desde muy pequeña iba andando al cole, en muchas ocasiones como responsable de mis dos hermanas menores, cuando mi hermana mayor no coincidía en horarios con nosotras. También recuerdo ir en metro o caminando sola o acompañando a mi hermana pequeña a las clases de gimnasia deportiva a las que durante años asistimos dos veces por semana.

No se me olvida el primer día que cogí el autobús para ir a casa de una amiga más allá del radio que para mí hasta entonces era conocido. Me pasé la parada y tuve que recorrerme la línea entera y pagar de nuevo para asegurarme de que me bajaba en el lugar correcto. Llegué tardísimo a mi cita, pero muy orgullosa de haber solucionado el error de una manera razonable.

Como colofón de mis aventuras de autonomía a una edad temprana, me empeñé en ir a pasar un mes de verano a Inglaterra a hacer un curso de inglés y tenis, al que no se había apuntado ningún Español más. Como consecuencia, tuve que buscarme la vida yo sola para coger el autobús que me llevaría al pueblo de destino desde el aeropuerto de Londres. Prueba superada, esta también la resolví con éxito.

Fueron pasando los años y seguí en la dinámica de crecer en ese sentido.

Hasta que me pasé de frenada…

Cuando tenía 18 años, a mi padre le ofrecieron un puesto de trabajo en el extranjero, algo que formaba parte de su sueño como profesional y que como tal no podía rechazar. Yo había empezado la carrera, y mis padres, que siempre han sido muy respetuosos y liberales con nuestras decisiones, me preguntaron si quería irme con ellos o prefería quedarme en Madrid. A mí se me hizo un mundo un cambio tan radical de vida y pensando que estaba de sobra preparada, decidí quedarme.

Su marcha, llevándose con ellos a mis dos hermanas pequeñas, me rasgó las entrañas.

Hasta ese momento había sido capaz de superar todo tipo de obstáculos y situaciones y me dije que tenía que ser capaz también de superar este nuevo reto. Hice lo posible para que mi desconsuelo no se notara. Ahogaba mis lágrimas cada vez que después de unas vacaciones nos despedíamos en el aeropuerto. Y seguía viviendo mi día a día como si todo fuera normal, pero no lo era.

Me acostumbré a resolver problemas domésticos y no domésticos, a mi manera, sin preguntar. Ellos habían confiado en mi capacidad para tirar hacia delante sin su ayuda y yo no les iba a defraudar.

Este empeño en demostrarme a mi misma que podía con la situación me llevó a la errónea conclusión de que no necesitaba a los demás.

Recuerdo que una vez, conversando con un buen amigo, le dije que estaba trabajando duro para acostumbrarme a vivir sin necesitar a mis padres. Y él me respondió: ¿Y porqué no te cortas un brazo?, Así te acostumbras a vivir sin él, ¿no?

No puedo más que darle la razón a este amigo maravilloso que es ahora mi marido.

Y es en este momento de mi vida en el que aprovecho para compartir con todos vosotros lo que he aprendido a lo largo de los últimos años.

Necesitar a los demás no es símbolo de debilidad. Necesitar a los demás es una bendición. Y si hacemos caso a nuestras necesidades y nos dejamos guiar por ellas, no erraremos el camino. Nos haremos más fuertes, más humanos, más ejemplo para los que nos rodean.

Eso sí, sin confundir necesidad con dependencia. No es fácil, pero se aprende. Como todo, se aprende.

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I have always worked hard to become an independent and a self-sufficient person.

My mother still smiles when recalling the day that I left my uncles’ home by myself. I was two years old. I exited the apartment and run upstairs without anybody noticing it. Only they realised that I had left when a neighbour brought me back asking if I belonged to anybody at my relatives’ house.

Since I was very young, I walked from home to school, many times being in charge of my younger siblings. I also remember taking the metro or walking either alone or together with one of my sisters to the gymnastics activities that we attended for years.

I will not forget the first time that I took the bus that would drive me to a friend’s house, far away from my neighbourhood. I missed the stop and I had to wait for the bus to do the entire journey and pay for the bus ticket again so I reached the correct place to get off. I arrived late to my appointment but feeling very proud of my achievement.

To top it all of, one summer, when I was a young teenager, I insisted on attending a camp in England where there was not expected to be any other Spanish student. As a result, I had to travel alone from London Heathrow airport to the small town where the camp took place. I experienced a great feeling of success when I arrived at the town safe and on time.

During years, I kept working on my independence and self-sufficiency.

But I went too far…

When I was eighteen, my father was offered a job overseas. It was a dream for him, so he decided to accept the offer. When this happened, I had already started my career studies. My parents, always respectful with my decisions, asked me wether I prefered to go with them or continue studying in Madrid. Such a life change felt like too much for me. I decided to stay, trusting that I was ready for living without my parents being closeby.

The departure of my parents, taking with them two of my siblings, tore my soul.

I had been able to overcome any obstacle and situation so far, so I decided to stay on track and take on the challenge. I did my best to hide my distress. I used to mask my tears whenever we said goodbye to each other after a family holiday together. I carried on with my life as if everything was normal, but it wasn’t.

I got used to solving domestic and non-domestic issues my way, without asking. My parents trusted my ability to take care of myself and I was not going to disappoint them.

My determination to show that I could manage the situation led myself to the wrong belief that I did not need anybody.

I remember revealing to a good friend that I was working hard in order not to need my parents anymore. He replied to me: Why don’t you cut one of your arms then? This way, you will get used to living without it, right?

I can only agree with this wonderful friend who is today my husband.

And it is now that I want to share with you what I have learnt during the last years.

To need the people does not mean to be weak. To need the people is a blessing.

And if we listen to our needs and let them guide us, we will never be wrong. We will get stronger, more self-aware and great role models for other people.

But be aware and don’t mix up need and dependence. It is difficult but it can be learnt. Everything can be learnt.

 

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5 comentarios en “Te necesito/ I need you”

  1. Fantástico como siempre Roseta. Tan cierto y tan sentido. Un placer leerte. Tanto que me resultan siempre cortos.
    Yo soy de las que te necesitan, de las que aprenden con tu ejemplo.
    Gracias por estar, ser y significar.
    Un beso

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  2. Roseta me encanta esta nueva forma de tenerte un poco más cerca!!! Me encanta y estas llena de razón, los independientes a veces caemos un poco en la soberbia( nada inteligente y muy poco atractiva😉) y nos olvidamos de la belleza de dejarnos querer como niños
    Un beso enorme a TODOS

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  3. Me ha encantado! Me pasa lo mismo, se me hace corto. Y lo que más me gusta es que nunca se sabe por dónde vas a salir. Eres la bomba amiga!

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  4. Increíble Roseta!!! Me encanta tu reflexión de este mes y me quedo con el ejemplo del brazo para lo sucesivo… Un beso enorme

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