Carta a mi padre/ Letter to my father

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Después de varios años de lectura y reflexión sobre el tema, tengo bastante claro y soy consciente de que las cosas que más nos molestan o irritan de los demás, son cosas intrínsecas a nuestra personalidad, que por unas cosas u otras, no hemos aceptado como parte de nosotros.

Pero cuando ayer leí un cuento oriental titulado “La ley del espejo” que mi hermana menor me había enviado, me quedé perpleja.

Parecía haber sido escrito para mi, en este preciso momento de mi vida. Y aunque sé que no ha sido escrito exclusivamente para mi, pues somos muchísimos los que nos podemos beneficiar del precioso relato de Yoshinori Noguchi, sí que ha llegado a mi vida en el momento justo.

Empecé a leerlo anoche y aunque no lo he terminado -en un momento de la lectura las lágrimas me impedían distinguir las letras- he sentido la urgencia de escribir en este post una carta a mi padre.

Me he dado cuenta de que no soy consciente de la ley del espejo en todas y cada una de mis relaciones, y especialmente, en mi relación con él. Llevo gran parte de mi vida haciéndole saber de una manera u otra los aspectos de su personalidad que no me agradan sin pararme a pensar en la lección de humildad que obtendría de analizar un poco el porqué.

Y en el camino, al concentrarme únicamente en esa parte menos atractiva de la relación, se me ha olvidado darle las gracias.

Así que padre, esto va por ti:

En primer lugar, por supuesto gracias por darme la vida, a mi, y a todos mis hermanos. Sin ti, sin mamá y sin ellos, hoy no sería quien soy.

Gracias por llevarnos a ver aquella peli de Star Wars cuando nació Carmen. Yo era muy pequeña y fue una gran aventura salir del cine cuando ya era de noche.

Gracias por llevarnos a Juvenalia a saltar en las colchonetas. ¡Lo pasábamos tan bien!

Gracias por venir cada tarde de verano a recogernos al club después de una larga jornada de trabajo. Verte aparecer por la entrada era todo un acontecimiento para mi.

Gracias por meterte en carretera cada día durante años en el mes de agosto para que mamá y nosotros pudiésemos estar más a gusto en la sierra.

Gracias por llevarme contigo los fines de semana cuando ibas a examinar opositores a distintas ciudades de España. Me hacías sentirme muy especial.

Gracias por ser el primer voluntario para participar en las funciones del colegio que hacíais los padres para los hijos. Me producía gran orgullo.

Gracias por todas tus reflexiones y escritos sobre la vida que has compartido con nosotros. Han sido y son una gran fuente de inspiración para los míos.

Gracias por guisar con tanto cariño para nosotros cuando mamá no estaba. Y cuando ella estaba también.

Gracias por trabajar extra algunos fines de semana y veranos para darnos lo mejor.

Gracias por transmitirme el amor a la familia.

Gracias por insistir en que no me cambiase de carrera y que demostrase de lo que soy capaz.

Gracias por inspirar mi deseo de conocer mundo.

Gracias por regalarme esos puntos de Iberia para que pudiese viajar un verano a Inglaterra.

Gracias por aquel poncho mexicano y por aquel reloj que sé que tú elegiste.

Gracias por tener la casa llena de libros.

Gracias por grabar a fuego en mi conciencia los valores de justicia y de ética. Y el de solidaridad.

Gracias por hacerte miles de kilómetros cada año para venir a vernos, no importa el lugar del planeta que hayamos elegido.

Gracias por estar a mi lado en cada ocasión en la que he sido madre.

Gracias por compartir tu amor por la naturaleza y la montaña.

Gracias por la satisfacción que me produce ser Pilarista como tú.

Gracias por enseñarme la importancia de la espera. Del no tener que “hacer” sino de “ser”.

Gracias por tu sinceridad siempre, aunque duela.

Y gracias por muchas cosas más que me dejo en el tintero que harían de esta carta algo infinito pues las pequeñas cosas que de ti vienen se hacen grandes a mis ojos.

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I thought I could clearly acknowledge now, after years of reading and reflecting on the issue, that the characteristics that we find most irritating in other people are these ones that we don’t accept in ourselves.

But I felt caught by surprise when I read yesterday the title that my sister recommended to me; “ The mirror rule”.

It felt that it had been written for me, just for this time of my life. Although I know it was not written exclusively for me since plenty of people can enjoy this masterpiece of Yoshinori Noguchi, I have read it at the right moment.

I started reading it yesterday evening and though I have not finished the reading yet- the tears didn’t allow me to see clearly- I felt the urge to write a letter to my father.

I have realised that I am not aware of the mirror rule in every single relationship that I have, especially, in the relationship with my father.

For years, I have been very busy trying to let him know the aspects of his personality that I don’t like. I never thought about the reasons why I don’t like them, those reasons being most probably a humbleness lesson.

As I have been focused on the less attractive side of the relationship with my father, I forgot to thank him.

So, dad, this is for you:

First of all, thank you for my life and my siblings’ lives. I would not be who I am today without you, mum and my brother and sisters.

Thank you for taking us to watch that Star Wars movie when Carmen was born. I was very young and coming out from the cinema when it was dark was an enormous adventure for me.

Thank you for taking us to the trampolines in Juvenalia. We enjoyed so much!

Thank you for coming every summer afternoon to pick us up at the club after working long hours. It was a big thing to see you coming from the gate.

Thank you for driving to our countryside refuge every day during August so mum and my brother and sisters could spend the month more comfortable than in the heat of the city.

Thank you for taking me with you to your weekend job trips around Spain. I felt very special.

Thank you for volunteering for the school parent shows. I was very proud of you.

Thanks for sharing your writings and reflections about life. They are a great inspiration for my own ones.

Thanks for cooking with so much care when mum was not at home. And when she was at home as well.

Thank you for working extra during some weekends and summers so we could have a better life.

Thank you for teaching us the value of love to the family.

Thanks for not allowing me to give up and encouraging me to do my best during my studies.

Thanks for inspiring me to travel around the world.

Thank you for transferring me your air miles so I could travel to England that summer.

Thanks for the Mexican poncho and the watch that I know you chose for me.

Thanks for having tons of books at home.

Thank you for stamping on us the values of Ethics and Justice. And solidarity.

Thank you for travelling miles to visit us every year, no matter how far we are.

Thank you for being present every time that we have welcomed a new baby.

Thanks for sharing your love to mountains and to mother nature.

Thank you for sharing the satisfaction of being alumni of “El Pilar”.

Thank you for teaching me the importance of waiting and the value of “being” versus “doing”.

Thanks for your honesty, even if it hurts.

And thank you for so many things that would make this letter infinite since little things coming from you become great under my eyes.

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Te necesito/ I need you

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Gran parte de mi vida la he pasado tratando de convertirme en una persona autónoma, independiente y autosuficiente.

Según cuenta mi madre, con dos años me fui un buen día de paseo yo sola. Ni corta ni perezosa, salí de casa de unos familiares y subí escaleras arriba tocando las puertas de los vecinos hasta que una vecina abrió la suya y afortunadamente me devolvió de vuelta a casa de mis tíos.

Desde muy pequeña iba andando al cole, en muchas ocasiones como responsable de mis dos hermanas menores, cuando mi hermana mayor no coincidía en horarios con nosotras. También recuerdo ir en metro o caminando sola o acompañando a mi hermana pequeña a las clases de gimnasia deportiva a las que durante años asistimos dos veces por semana.

No se me olvida el primer día que cogí el autobús para ir a casa de una amiga más allá del radio que para mí hasta entonces era conocido. Me pasé la parada y tuve que recorrerme la línea entera y pagar de nuevo para asegurarme de que me bajaba en el lugar correcto. Llegué tardísimo a mi cita, pero muy orgullosa de haber solucionado el error de una manera razonable.

Como colofón de mis aventuras de autonomía a una edad temprana, me empeñé en ir a pasar un mes de verano a Inglaterra a hacer un curso de inglés y tenis, al que no se había apuntado ningún Español más. Como consecuencia, tuve que buscarme la vida yo sola para coger el autobús que me llevaría al pueblo de destino desde el aeropuerto de Londres. Prueba superada, esta también la resolví con éxito.

Fueron pasando los años y seguí en la dinámica de crecer en ese sentido.

Hasta que me pasé de frenada…

Cuando tenía 18 años, a mi padre le ofrecieron un puesto de trabajo en el extranjero, algo que formaba parte de su sueño como profesional y que como tal no podía rechazar. Yo había empezado la carrera, y mis padres, que siempre han sido muy respetuosos y liberales con nuestras decisiones, me preguntaron si quería irme con ellos o prefería quedarme en Madrid. A mí se me hizo un mundo un cambio tan radical de vida y pensando que estaba de sobra preparada, decidí quedarme.

Su marcha, llevándose con ellos a mis dos hermanas pequeñas, me rasgó las entrañas.

Hasta ese momento había sido capaz de superar todo tipo de obstáculos y situaciones y me dije que tenía que ser capaz también de superar este nuevo reto. Hice lo posible para que mi desconsuelo no se notara. Ahogaba mis lágrimas cada vez que después de unas vacaciones nos despedíamos en el aeropuerto. Y seguía viviendo mi día a día como si todo fuera normal, pero no lo era.

Me acostumbré a resolver problemas domésticos y no domésticos, a mi manera, sin preguntar. Ellos habían confiado en mi capacidad para tirar hacia delante sin su ayuda y yo no les iba a defraudar.

Este empeño en demostrarme a mi misma que podía con la situación me llevó a la errónea conclusión de que no necesitaba a los demás.

Recuerdo que una vez, conversando con un buen amigo, le dije que estaba trabajando duro para acostumbrarme a vivir sin necesitar a mis padres. Y él me respondió: ¿Y porqué no te cortas un brazo?, Así te acostumbras a vivir sin él, ¿no?

No puedo más que darle la razón a este amigo maravilloso que es ahora mi marido.

Y es en este momento de mi vida en el que aprovecho para compartir con todos vosotros lo que he aprendido a lo largo de los últimos años.

Necesitar a los demás no es símbolo de debilidad. Necesitar a los demás es una bendición. Y si hacemos caso a nuestras necesidades y nos dejamos guiar por ellas, no erraremos el camino. Nos haremos más fuertes, más humanos, más ejemplo para los que nos rodean.

Eso sí, sin confundir necesidad con dependencia. No es fácil, pero se aprende. Como todo, se aprende.

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I have always worked hard to become an independent and a self-sufficient person.

My mother still smiles when recalling the day that I left my uncles’ home by myself. I was two years old. I exited the apartment and run upstairs without anybody noticing it. Only they realised that I had left when a neighbour brought me back asking if I belonged to anybody at my relatives’ house.

Since I was very young, I walked from home to school, many times being in charge of my younger siblings. I also remember taking the metro or walking either alone or together with one of my sisters to the gymnastics activities that we attended for years.

I will not forget the first time that I took the bus that would drive me to a friend’s house, far away from my neighbourhood. I missed the stop and I had to wait for the bus to do the entire journey and pay for the bus ticket again so I reached the correct place to get off. I arrived late to my appointment but feeling very proud of my achievement.

To top it all of, one summer, when I was a young teenager, I insisted on attending a camp in England where there was not expected to be any other Spanish student. As a result, I had to travel alone from London Heathrow airport to the small town where the camp took place. I experienced a great feeling of success when I arrived at the town safe and on time.

During years, I kept working on my independence and self-sufficiency.

But I went too far…

When I was eighteen, my father was offered a job overseas. It was a dream for him, so he decided to accept the offer. When this happened, I had already started my career studies. My parents, always respectful with my decisions, asked me wether I prefered to go with them or continue studying in Madrid. Such a life change felt like too much for me. I decided to stay, trusting that I was ready for living without my parents being closeby.

The departure of my parents, taking with them two of my siblings, tore my soul.

I had been able to overcome any obstacle and situation so far, so I decided to stay on track and take on the challenge. I did my best to hide my distress. I used to mask my tears whenever we said goodbye to each other after a family holiday together. I carried on with my life as if everything was normal, but it wasn’t.

I got used to solving domestic and non-domestic issues my way, without asking. My parents trusted my ability to take care of myself and I was not going to disappoint them.

My determination to show that I could manage the situation led myself to the wrong belief that I did not need anybody.

I remember revealing to a good friend that I was working hard in order not to need my parents anymore. He replied to me: Why don’t you cut one of your arms then? This way, you will get used to living without it, right?

I can only agree with this wonderful friend who is today my husband.

And it is now that I want to share with you what I have learnt during the last years.

To need the people does not mean to be weak. To need the people is a blessing.

And if we listen to our needs and let them guide us, we will never be wrong. We will get stronger, more self-aware and great role models for other people.

But be aware and don’t mix up need and dependence. It is difficult but it can be learnt. Everything can be learnt.

 

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